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La agresión sexual en niños, niñas y adolescentes (NNA): “Una realidad que impacta”

Angélica Albornoz Lillo, Psicóloga.

En Chile, hablamos de agresión sexual infantoadolescente para referirnos a aquellos actos de connotación sexual que involucran a menores de 18 años de edad; aquí se incluyen los delitos de abuso sexual propio (acto de connotación sexual que no incluye coito), abuso sexual impropio (exposición de material y hechos de connotación sexual a NNA), violación y estupro (acto que incluye coito, diferenciándose uno de otro según edad de la víctima). Lo vemos en los noticieros, en novelas de ficción, en nuestro barrio y en nuestras familias, resultando ser una realidad más común de lo que quisiéramos.

Pero ¿cómo saber si mi hijo(a) está siendo víctima de una agresión sexual?

Ello varía según la edad y estructura de personalidad que el NNA se encuentre desarrollando ya que de ello depende la forma en que éste(a) afronta sus conflictos, pudiendo existir innumerables indicadores compatibles pero que sin embargo ninguno de ellos por sí sólo da cuenta necesariamente de un hecho abusivo. No obstante lo anterior, algunos autores coinciden en indicadores tales como conductas regresivas, esto es, retroceder en cuanto a logros adquiridos durante el desarrollo (ejemplo: perder el control de esfínter, retrocesos en el lenguaje). Conductas de retraimiento o bien marcada extroversión y/o agresividad. Asimismo, conductas que dan cuenta de un quiebre en un normativo desarrollo psicosexual, tales como conductas sexualmente abusivas con otros niños(as), desarrollo de conductas masturbatorias compulsivas o bien inicio temprano de una vida sexual; trastornos alimenticios, trastornos del sueño y del estado del ánimo, conductas de autoflagelación o daño a sí mismos (común en adolescentes), inicio en consumo de sustancias, problemas de concentración debido a pensamientos intrusivos, así como el demostrar resistencia a vincularse con cierta persona, siendo esto un posible indicador de que dicho individuo(a) podría encontrarse ejerciendo algún tipo de abuso frente al NNA.

Ahora bien, lo anterior no resulta un indicador inequívoco, toda vez que en muchas ocasiones NNA víctimas de una agresión sexual continúan manteniendo contacto con su agresor, especialmente cuando las agresiones son reiteradas en el tiempo y/o de índole intrafamiliar, conformándose lazos estrechos mediados por el temor o aquello que algunos autores denominan “hechizo”, estado influenciado por la figura del agresor que en un intento por manipular la relación con la víctima genera una especie de dependencia, perpetuando las agresiones y minimizando el riesgo de develación.

Lo anterior, podemos verlo por ejemplo a través de contenidos televisivos, conocida resultará para algunos la imagen de Armando Quiroga en la teleserie nocturna de Mega “Perdona Nuestros Pecados”, en donde podemos observar la relación abusiva que el actor mantiene con su hija Isabel, perpetuando el vínculo mediante el ofrecimiento de amor incondicional hacia ella y así evitando que Isabel tome consciencia de lo abusivo de la relación toda vez que la ha normalizado.

Pero ¿cómo enfrentar una develación de agresión sexual?

Primero que todo, ante la develación otorgar credibilidad. Muchos NNA demoran largos periodos de tiempo antes de develar por temor a las consecuencias y también por vergüenza; sintiéndose muchas veces responsables y ‘culpables’ por lo ocurrido. Por supuesto, es una situación difícil de abordar, sobre todo cuando el agresor resulta ser parte de la familia o del entorno cercano a la misma, sin embargo el apoyo familiar se configura en un factor determinante a la hora de un adecuado abordaje de la vivencia, la que se configura en un quiebre en el continuo vital de cualquier individuo, interfiriendo en su desarrollo emocional, social, físico y sexual.

Como padres somos responsables de otorgar contención a nuestros hijos(as) y de desplegar las acciones necesarias para la protección de los mismos, movilizando redes de apoyo y estableciendo denuncias en instituciones correspondientes, interrumpiendo el vínculo entre el NNA y el supuesto agresor para de este modo, detener la dinámica abusiva. Asimismo, es importante no exponer a la víctima, muchos adultos creen que ‘confrontarla’ con el supuesto agresor les ayudará a conocer la veracidad de los hechos, siendo ésta una acción totalmente inadecuada que muchas veces concluye en la retractación del NNA, sin mencionar que difícilmente un agresor reconocerá abiertamente que lo es.

Finalmente, resulta relevante considerar la percepción que el NNA otorga al hecho, como adultos muchas veces tendemos a restar importancia a lo que nuestros hijos(as) nos comentan, olvidando que todos(as) medimos con distinta escala nuestras vivencias, por tanto, aquello que podría resultar insignificante para nosotros podría resultar completamente transgresor para otro, sobre todo si hablamos de niños, niñas y adolescentes.