Violeta Montero Barriga
Directora Magister en Política y Gobierno
Profesora Departamento de Administración Pública y Ciencia Política
Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales UdeC

CIENCIAS POLITICAS:
ESTADO V/S SOCIEDAD

Radiografía de la sociedad Chilena

Es sabido que, a nivel de opinión pública, existe un descontento generalizado por la clase política y la forma en que se llevan a cabo los procesos democráticos de nuestro país. ¿Cómo analizan, desde la vereda profesional, este fenómeno?

El descontento social y los altos niveles de desafección política han sido preocupación central en el análisis de las ciencias sociales chilenas desde el año 2011 en adelante.

Un fenómeno que ha llamado particularmente la atención es el nacimiento de movimientos sociales que buscan manifestarse en las calles, aspecto que atribuimos a las fuertes críticas que se han generado a la política institucional formal y que continuamos intentando comprender.

Tanto la ciencia política como la sociología política, entre otras disciplinas, discuten la relación entre Estado y Sociedad analizando particularmente las dinámicas de relación y representación entre ciudadano y actores políticos, y los niveles de confianza o desconfianza que caracterizan el vínculo.

En el caso chileno, diferentes estudios han dado muestra de bajos niveles de confianza en el trabajo y la probidad de partidos políticos y representantes electos popularmente.  La génesis de esta situación se explica, entre otros factores, por casos de conmoción pública que dan cuenta de corrupción en la política y de una importante brecha entre electores y representados.

Desde las ciencias políticas, ¿diría que en Chile existe una crisis democrática?, ¿por qué?

Desde el análisis politológico podemos decir que nos encontramos en un momento de crisis de representación, post voto voluntario en Chile. Tal como muestran las encuestas, esto  provoca altos niveles de abstención en las elecciones y altos niveles de crítica y desconfianza a los representantes electos popularmente.  En ese sentido, postulo más bien que nos encontramos frente a una crisis de la democracia representativa, de sus dinámicas y legitimidad pública.

Más que una crisis democrática, en términos generales, me parece que lo que se cuestiona es la democracia representativa. Es decir, se interpela a nuestros representantes y a su incapacidad de recoger las demandas sociales de manera directa y clara. Se cuestiona el sentido público y la ética pública que caracteriza la acción y por tanto, emergen nuevas formas de articulación sociopolítica -protestas y movimientos sociales- que como reacción ante la incapacidad de incidir en el sistema político se expresan a través del conflicto y la violencia.

Además, en las consultas sobre la valoración a distintos regímenes políticos la democracia sigue siendo la triunfadora, especialmente en personas con mayores niveles de conocimiento y vivencia de dictaduras.

¿Qué estrategias o mecanismos de acción pueden ser llevados a cabo por la clase política para reencantar al ciudadano?

La clase política debe asumir que se relacionan con ciudadanos inteligentes y que exigen un ejercicio de la acción pública transparente y honesto.  Me parece que los partidos políticos han hecho ajustes en este sentido con el refichaje de militantes y con la regulación del gasto público de las campañas. Este avance debe ser protegido y perfeccionado.

Asmismo, la clase política debe dar muestras de su interés de aportar al bien común a través de una acción interesada en conocer las necesidades y demandas de la ciudadanía. Esto implica recordar que el fin de la democracia representativa es intermediar entre el ciudadano y el estado, vale decir, incidir directamente en la toma de decisiones con una clara inspiración en las demandas ciudadanas y el bien común.

¿Qué reformulaciones se le puede hacer al sistema democrático de nuestro país para que funcione de mejor manera?

Además del perfeccionamiento de aspectos formales e institucionales, vinculados a la participación y a la transparencia, me parece que el gran desafío en Chile es de índole cultural. El fortalecimiento de la democracia requiere la existencia de ciudadanos, vale decir, de personas que son capaces de pensar en el bien común, desde una mirada comunitaria y no individualista, defensora de intereses particulares.

No será posible fortalecer la democracia si no contamos con ciudadanos interesados en la convivencia colectiva y lo suficientemente generosos para mirar de manera común el desarrollo.

En términos concretos, me parece que debemos entonces abrir más canales de deliberación pública e invertir en programas de formación de ciudadanos desde el nivel escolar.