Miguel Ángel San Martín
Periodista

 

¡HASTA SIEMPRE!

 

            Nunca imaginé la inmensa ola de demostraciones de afecto, de cariño y de sincera amistad que he recibido desde el momento en que anuncié mi regreso a la España que me cobijó durante 30 años. Me empapo en esa ola y, con la mayor de mis humildades, quiero agradecer desde estas páginas ese reconocimiento masivo que me enorgullece y estimula a continuar en la línea de rectitud, profesionalismo y apego a la verdad que me ha caracterizado.

              Después de once años aquí, retorno a España lleno de orgullo y satisfacción. Creo que tanta manifestación de reconocimiento hacia mi persona demuestra que no he hecho las cosas mal ni en vano, en mi tierra natal. Por el contrario, me siento confiado en que he sido un aporte. Y esa era, precisamente, la voluntad que me trajo aquí: venir a aportar lo que había aprendido profesionalmente en 34 años de exilio, viviendo en Europa.

              Aldo Bernucci me otorgó la responsabilidad de las comunicaciones municipales sobre el Campeonato Mundial Femenino Sub 20. Sergio Zarzar me pidió que le acompañara profesionalmente en su gestión al frente del municipio. Jorge Vaccaro me dio la oportunidad de hacer radio en Radio Cariñosa y Alborada, demostrando que en provincia también podemos hacer radio grande. El movimiento rotario me abrió las puertas para ser feliz sirviendo a quienes más lo necesitan. Los Amigos de la Música me alivianaron el alma. Y los amigos de la infancia me retornaron al Chillán antiguo. Los nuevos amigos, Rodrigo Lagno (Director de este medio), y en general la gente de aquí, me demostró que la identidad ñublensina atrae con su mágica sinceridad. Y me voy con la esperanzada certeza de que seremos la Región modelo en un país que no cesa de crecer.

              He aprendido a seguir el camino recto y la palabra precisa para decir lo que considero justo, transversalmente. Y aquí lo he practicado en los frentes en que he actuado. Y he sabido pedir perdón cuantas veces me he equivocado o hubiese causado alguna herida, sin proponérmelo. Dentro de nosotros siempre hay un porcentaje que no nos gusta o que no causa simpatía en otros. Por eso, he tratado de descubrir ese porcentaje para minimizarlo, para corregir errores cometidos, con la sinceridad que tal autocrítica merece para ser efectiva.

Y he buscado permanentemente la felicidad, que nos aguarda en cada esquina de la vida. Son muchas felicidades pequeñitas que van construyendo el todo que nos llevará al final de nuestros días con la sonrisa en los labios y la paz en el corazón.

Por eso, ahora, al llegar a una edad madura en que las cosas se ven de otra manera, creo que debo disfrutar a mis hijos y a mis nietos. Me esperan allá, al otro lado del gran océano, sabiendo que había venido a satisfacer mi angustia interna de vivir un poco de la tierra que me vio nacer.

“Misión cumplida”, dicen algunos. Yo, simplemente, digo que ha llegado el “tercer tiempo” de este encuentro vital…y debo disfrutarlo de manera diferente. Pero a la vez, me comprometo a regresar periódicamente para oxigenar nuestros propios afectos. Y en cada retorno, nos abrazaremos con el mismo cariño. Como lo hicieron los que ya no están. Como lo seguirán haciendo quienes nos sucedan.

 Me voy con el recuerdo siempre vivo de la gente de mi tierra, y con el inolvidable cariño que hoy me sorprende, que me halaga y que me abruma.

Gracias a todos los que están leyendo estas líneas generosas que me concede Revista Murano. Son palabras sinceras que llevan un simple…¡HASTA SIEMPRE!