José Luís Ysern de Arce
Psicólogo

Navidad y cultura del encuentro

 

Diciembre suele ser buen momento para balances anuales, revisión del año que termina, renovación de compromisos. Cuando además aparece la Navidad como telón de fondo, la celebración de esta fiesta nos proporciona un aliciente para que el fin del año con sus balances, y el comienzo del año nuevo con sus propósitos y esperanzas renovadoras se convierta en algo que va más allá de una simple fecha de calendario. Efectivamente la Navidad tiene siempre un encanto que no podemos desconocer. Para creyentes, agnósticos y ateos esta fecha encierra una especie de hechizo que nos cautiva a todos.

 

Mi reflexión de hoy se basa en los personajes de los Magos de Oriente que llegan a Jerusalén preguntando por el rey de Israel, tal como lo narra el evangelista Mateo. Hoy sabemos que, como tantas veces ocurre en la Biblia, lo más probable es que esta escena no corresponda a hechos históricos sino a una creación del autor con fines pedagógicos y didácticos. Lo cual es muy bueno porque nos da mucha libertad para aplicar la enseñanza a cualquiera de las realidades que vivimos en la historia. ¿Cómo no ver en esta narración todo un tratado de enseñanzas acerca de la psicología del encuentro?

 

La enseñanza ante todo del respeto mutuo. Respeto mutuo porque cada uno de nosotros tiene sus propias habilidades, destrezas, capacidades, virtudes y defectos, y cada uno percibe y ve la vida a partir de su propia realidad. Así notamos cómo estos misteriosos personajes ven la historia y la vida a través de sus astronomías. Hablando de estrellas aparecen en Jerusalén, y a pesar de que era esperable que la gente desconfiara de ellos por sus extrañas visiones son escuchados, acogidos, y debidamente atendidos en sus inquietudes. En lenguaje teológico decimos que Dios habla a cada uno según sus entendederas, habla a cada uno en su propia lengua; en lenguaje psicológico decimos que cada uno percibe la realidad de acuerdo a su realidad personal y social, de acuerdo a sus circunstancias.

 

Por medio de la mitología tanto bíblica como de cualquier otro origen recibimos importantes verdades que nos inspiran la sabiduría necesaria para vivir felices. En los Magos de Oriente encontramos toda una formidable enseñanza acerca de la psicología del encuentro que decíamos arriba. Efectivamente vemos aquí cómo personas de distintas lenguas, culturas, razas y costumbres se juntan para buscar algo que a todos les interesa. Nadie mira en menos a nadie y todos colaboran mediante sus propios aportes: los Magos entregan fechas, detalles acerca de la aparición de su estrella, ofrecen sus coordenadas de astronomía. Por su parte, los profesores, bibliotecarios y archiveros de Herodes revuelven sus papeles, investigan, consultan, y finalmente obtienen lo que buscaban. Este pasaje del evangelista Mateo que tantas veces hemos escuchado y leído desde una ingenuidad infantil, hoy, leyéndolo desde esta otra perspectiva psicológica, encierra una eminente actualidad que no podemos dejar pasar de largo: nos habla de cómo necesitamos desarrollar en nuestra sociedad la cultura del encuentro. De cómo es importante que desarrollemos una educación que desde niños nos grabe a fuego la importancia del respeto mutuo entre culturas, lenguas, religiones, cosmovisiones distintas.

 

Necesitamos crecer en actitudes de respeto a toda prueba entre hombres y mujeres que en asuntos políticos, sociales, domésticos, religiosos, deportivos, mediáticos, etc., acarician distintas posturas.

 

Por la realidad que vamos observando en muchos acontecimientos como debates televisivos, discusiones en redes Internet, cartas al director en los periódicos, comentarios Twitter, etc., nos damos cuenta de que necesitamos desarrollarnos mucho más en esta cultura del encuentro. En una cultura como la que nos invita a construir la Navidad nadie está de sobra, todos somos necesarios y todos somos tratados con el mismo respeto. Queremos crecer en esta cultura donde se derriben muros y se construyan puentes. En un tiempo donde todavía existen personas un tanto fanáticas y cerradas de mente, que miran con recelo a ciertos emigrantes, que no quieren saber nada de drogadictos, homosexuales, enfermos de sida, deficientes mentales, etc., tenemos que afirmar una vez más y con mucha fuerza que la Navidad es un grito, que sin ambigüedad alguna, nos llama al encuentro, al abrazo cordial entre los distintos. A todos mis lectores deseo esa feliz Navidad.

 

José Luis Ysern de Arce

Revista Murano. Chillán, diciembre 2017.