Constructores de confianza

Estos constructores de confianza son jóvenes que recorren el mundo en una actividad denominada “Peregrinación de la confianza”. Parecen personas quijotescas que luchan contra molinos de viento, pero igual que Don Quijote saben y sienten que la necesidad de cambiar el mundo no es utopía ni quimera sino compromiso de justicia. Son los jóvenes llamados de Taizé, lugar de Francia donde unos monjes de orientación ecuménica cristiana construyeron su monasterio durante la segunda guerra mundial. Esta comunidad se ve visitada por numerosos jóvenes de todo el mundo, creyentes y no creyentes, que buscan empaparse de esa espiritualidad de oración, paz, sencillez, humildad, justicia. 

Cada cierto tiempo grupos de jóvenes inspirados en esa espiritualidad de Taizé se organizan para visitar distintos lugares del mundo. Visitaron Chile en diciembre del año 2010, y ahora lo acaban de hacer en Madrid. Miles de jóvenes que van por el mundo diciendo que derrotar la desconfianza y construir la confianza es posible. Sienten que es necesario introducir grandes cambios en nuestro mundo, pero que esos cambios no sucederán mientras no cambie el interior de cada uno, mientras no se produzcan cambios fundamentales en el corazón humano. Estos jóvenes nos recuerdan que hay que sentar las bases de un sistema más justo y más humano; un sistema donde no sea posible que algunos continúen acumulando riquezas mientras otros mueren de hambre. Con sus actividades estos jóvenes nos recuerdan que es posible vivir juntos y convivir en un enriquecimiento mutuo personas de distintos estilos y realidades, de distintos credos, orientaciones y pensamientos. Nos recuerdan que la confianza mutua significa aprender a vivir en forma más sencilla, sin alardear de nada ni pretender ser o parecer más que los demás. 

Vivimos en una sociedad de la abundancia y sin embargo hay que aprender a vivir en forma más sencilla. El sentido de la vida no lo dan las cosas ni las posesiones materiales; dicho sentido viene dado por el objetivo central y fundamental de nuestras vidas. ¿Para qué quiero vivir? ¿Qué es lo fundamental de mi vida? ¿Qué es lo que en realidad me hace profundamente feliz? Quien se haga en serio este tipo de preguntas y esté dispuesto a encajar las respuestas adecuadas, muy pronto se dará cuenta de que la vida no consiste en tener cosas ni en acumular riquezas.

Don Quijote le decía a Sancho que a la hora de la muerte es cuando las personas se enfrentan a sí mismas y a su propia verdad. Pues bien, sabemos hoy día por las investigaciones psicológicas, que lo único que muchas personas lamentan a la hora de su muerte no es el haber hecho más y mejores negocios económicos sino el no haber dedicado más y mejores energías a compartir con su gente. Es decir: lo que verdaderamente hace felices a las personas, lo que de verdad llena de sentido nuestras vidas es el amor. Quien ama de verdad es feliz. Quien ama de verdad es una persona que se siente mucho más realizada y plena que la egoísta encerrada en su cápsula de poder. 

La persona que ama no carece de problemas y dificultades; nadie dice eso. Pero esos problemas y dificultades los enfrenta de otra manera. Es persona sencilla, humilde, generosa. Sabe que muchas veces ha podido ser herida, y que muchas veces también, ha podido herir a otros. Por eso está abierta al perdón mutuo: sabe perdonar y sabe pedir perdón; y lo hace con humildad, verdad, sin alarde alguno, con sencillez de corazón. 

Estos jóvenes que van recorriendo el mundo diciendo que la mutua confianza es posible y necesaria para que vivamos mejor, nos ayudan a darnos cuenta de que sin amor no podemos vivir. Se dan cuenta del declive que padecemos en el campo de la confianza social y mutua y nos dicen que otro mundo mejor es posible. Nos recuerdan que la desconfianza es peligrosa, que no podemos vivir felices mientras desconfiamos de medio mundo. No, no nos piden que seamos ingenuos y que vivamos bajo una confianza exagerada, propia de personas excesivamente crédulas. Se nos pide que seamos confiados inteligentes y que sepamos hablarnos cara a cara. En estas mismas páginas apareció el mes pasado un bonito y breve artículo titulado “Actuar con inteligencia” del reconocido y genial periodista Miguel Ángel San Martín. Me siento interpretado por sus palabras: “La palabra sirve para dirimir conflictos, para construir futuros, para amar y conservar la especie mejorándola”. Es decir: hablando se entiende la gente.

José Luís Ysern de Arce

Psicólogo