Cuidarnos unos a otros

Nuestra situación actual en Chile nos tiene muy complicados. Ya hemos escuchado mucho del tema y conocemos cantidad de análisis y reflexiones sobre las causas de esta explosión o furia social, como la llaman algunos. Estamos de acuerdo en que la situación de injusticia social que  durante años hemos soportado en Chile ha dado pie a una violencia institucionalizada que todos condenamos y deseamos que termine cuanto antes. A partir de esa insoportable situación de injusticia surgió la reacción que reclama equidad, justicia, paz. Lo triste es que un reclamo, justo en sí, ha sido aprovechado por algunos para cometer actos de violencia inusitada. 

¿Qué hacer ahora? Cuando escribo esta nota, a mediados de diciembre, veo muchas personas que respaldan con gusto las demandas de justicia, pero a la vez se sienten desconcertadas y angustiadas, no solo por los actos de vandalismo que todos rechazamos, sino también porque no se ve claro el final de todo este proceso. Por lo mismo quisiera llevar esta sencilla reflexión a nuestro ámbito personal y comunitario, especialmente al ámbito familiar y del pequeño grupo, para colaborar, aunque sea con alguna modesta sugerencia, a bajar niveles de dolor y angustia. Nuestra vida se desenvuelve en la familia y en el pequeño grupo donde nos encontramos y compartimos cada día. 

¿Qué hacer ahí en estos momentos? Unirnos más que nunca; unirnos más que nunca todos los hombres y mujeres de buena voluntad, y todos los miembros de la familia. Unirnos más que nunca los miembros del pequeño grupo, de la pequeña comunidad, del grupo de vecinos que se junta en amigable tertulia de vez en cuando. Sí: unirnos y cuidarnos. Ha llegado el momento de estrechar lazos de amistad en la familia y en los demás grupos, para juntos elevar nuestras voces que claman justicia, desde luego; pero, a la vez, para acogernos y arroparnos mutuamente para que el miedo no nos venza y no nos cause daño. Porque el miedo existe; el miedo ante hechos y situaciones ambiguas como la que estamos viviendo, ante situaciones cuyo final no tenemos claro y no sabemos adónde van a ir a parar, ese miedo, es una realidad. ¡Y nos puede abatir! 

Las reacciones psicológicas a la situación que estamos viviendo dependen de la personalidad de cada uno y de las circunstancias de su entorno familiar, laboral, ambiental, cultural. Por eso tenemos que procurar ambientes de pertenencia lo más saludables posibles. Es posible que experimentemos reacciones de angustia fuera de lo normal; es posible que si permanecemos demasiado expuestos a informaciones que insisten solo en la violencia, al final reaccionemos como paranoicos y deformemos o exageremos la realidad que percibimos. 

Es lo que le ocurrió por ejemplo a esa joven que recibió un empujón de otra mujer al entrar a un lugar donde había cierta aglomeración: “fue un empujón cualquiera -dice ella- como me ha sucedido en tantas ocasiones. Yo he dado empujones y he recibido empujones. Pero ahora reaccioné con agresividad porque me sentí agredida. Me calmé cuando gracias a la amiga que iba conmigo me di cuenta de que la cosa no había sido para tanto”. Esta joven fue víctima de una distorsión perceptiva; es decir, su estado de ánimo alterado no le permitió ver la realidad en su justa dimensión; entró en razón gracias a que fue capaz de escuchar a su amiga. 

Necesitamos darnos tiempo para encontrarnos con la gente querida, compartir, conversar, contarnos en forma sencilla y confiada nuestros sentimientos y estados emocionales. Cuidémonos para que no sucumbamos al miedo ni a ninguno de sus efectos. Cuidemos nuestra salud mental, pero también la salud social de Chile. 

Queremos hombres y mujeres saludables en un Chile saludable. Cada uno puede aportar su gotita de inteligencia y esfuerzo. Estamos llamados a construir un Chile mejor, a estrechar nuestras manos para que entre nosotros venza la justicia y el amor, como dijo el Cardenal Raúl Silva bastantes años atrás: “En definitiva, todo el odio pasará, la muerte será también vencida, y sólo quedará la patria, la familia de hombres que juntos vivieron, lucharon, creyeron y esperaron, la familia de hombres que renunciaron a odiarse porque tenían muy poco tiempo para amarse” (18 de septiembre de 1974).

José Luís Ysern de Arce

Psicólogo