El ataque a José Antonio Kast

Independiente de si usted es de derecha, de centro o de izquierda, lo ocurrido hace unas semanas atrás contra el ex candidato presidencial José Antonio Kast cuando intentaba dar una charla en la Universidad Arturo Prat en Iquique es lamentable. Este hecho constituye un acto de suma violencia que en realidad cuesta explicar desde cualquier punto de vista.

Resulta incomprensible que hayan personas que justifiquen el ataque porque creen que las voces como Kast no deben ser escuchadas o porque alegan que, de llegar al poder, él promovería la misma intolerancia que motivó a sus agresores.

Censurar al que piensa distinto, atacarlo, negarle su derecho a expresar su posición es propio de los dictadores, no de los demócratas. La democracia consiste en tolerar incluso a aquellos que se declaran intolerantes.

Por eso que cuesta entender a aquellos que relativizan la gravedad de lo ocurrido, pues no debemos olvidar que hay otros que también provocan con sus vestimentas, con la forma en cómo protestan, o peor aún, como se expresan de otras personas. Es por ello, que se debe ser objetivo y reconocer que Kast no interrumpió el tráfico, no destruyó propiedad pública o privada, ni violentó a los que querían transitar libremente por las calles.

Desde el retorno de la democracia, en Chile hemos tenido muchas experiencias de intentos por censurar voces diferentes y por acallar a aquellos que piensan distinto. En los 90, una buena parte de los sectores conservadores se opusieron tenazmente a que la película “La última tentación de Cristo” se mostrara en los cines del país. Afortunadamente, tanto liberales como líderes de izquierda se animaron a luchar contra este tipo de censura.

En ese sentido, el ataque de los intolerantes a Kast no es algo nuevo. Los intolerantes siempre han existido en nuestro país, sean de izquierda o derecha, sus argumentos son similares. Los intolerantes enarbolan sus banderas de la represión y la censura con argumentos que apelan al bien común y a supuestos valores superiores. Los intolerantes dicen que están motivados por querer un país mejor, sin entender que la democracia supone que la gente tiene el derecho a expresarse y decir lo que quiera.

 

Rodrigo Lagno Soto

Director Ejecutivo de Murano Magazine

Magíster en Administración y Gestión