El Género en Dis-puta

Quizás para algunos de los lectores el título de esta columna les resulte familiar (ojalá). De ser así, ellos sabrán bien que a la luz del libro de Judith Butler que lleva ese nombre, se debe entender que esta “oleada” de tomas y movilizaciones feministas es en realidad la punta del iceberg de un profundo cambio y/o re-volución que viene ocurriendo hace ya por lo menos 50 años en Chile (y en el resto del mundo) y que cada vez asume formas nuevas, muchas veces más radicalizadas y diversas, que se intensifican con la tecnología: se trata de una re-volución del género, que obviamente comprende la sexualidad y es de carácter político ya que involucra la forma en la que construimos nuestro orden social.

Así, esta re-volución pareciera buscar subvertir (cambiar, dar vuelta) el orden establecido (como toda re-volución) básicamente patriarcal y hetero-normativo (desde su análisis), donde predomina y se ha construido una sociedad a la medida del hombre (gozando este obviamente de más privilegios) y en donde ser heterosexual se transforma en prácticamente una obligación o a lo menos “lo normal” hasta hoy en día. De algún modo, en esta re-volución lo que aflora son manifestaciones políticas desde la femineidad, cuestión que resulta decisiva sobre todo para que dicho colectivo incremente su cohesión, identificación y fuerza desde el punto de vista político-organizativo. Así, en el último tiempo pareciera que la originalidad en las formas estéticas que asumen las manifestaciones políticas está siendo un elemento diferenciador y característico de la creatividad que allí abunda, cuestión típica de las manifestaciones estudiantiles por cierto.

Además, pareciera que dicha movilización social se encuentra orientada hacia los sectores de la sociedad más conservadores que se resisten a reconocer a la mujer como otro válido y que en cambio reproducen formas asimétricas de relación, llegando incluso al extremo de ampararse en una institucionalidad (ya sea esta académica, laboral, educativa, etc.). Me parece justo reconocer que no todos los hombres defendemos el orden patriarcal y hetero-normativo, siendo también diversa la toma de conciencia que desde nuestro género se hace con respecto al tema; sin embargo, esto no es un problema individual y aunque existan algunos machos no machistas, les toca “jugar con ventaja” al momento de desenvolverse en un medio que se encuentra construido a su medida.

Sin embargo, hay que también ver la mitad del vaso medio lleno y reconocer que en diversos aspectos (sobretodo microsociales como las labores domésticas) las formas de interacción entre los sexos se han vuelto más democráticas y horizontales, a pesar de que allí el Estado no ha contribuido tanto como debiera o como lo hace en otras sociedades más antiguas, haciendo frente a esta temática. Como ejemplo se puede citar la “Guía para una paternidad activa” que se entrega en los consultorios para los futuros padres y que contrasta con políticas europeas que incluso subsidian o cubren la contratación del servicio doméstico en el hogar.

¿La solución? (como si existiera un problema), en realidad se debe reconocer la igualdad de género como una necesidad urgente (y eso que no hemos hablado de discriminación y femicidio) sobre todo en el trato y las formas como una condición fundamental para la convivencia humana y el respeto de la vida. Considero que principalmente las movilizaciones de tipo feministas buscan remover las consciencias y visibilizar las situaciones de desigualdad y discriminación que cotidianamente sufren las mujeres por el simple hecho de ser mujer. A los hombres más conscientes de esta situación nos corresponde estar al lado de ellas, apoyando sus luchas y demostrando que no se encuentran solas en su pelea, ya sea como amigos, compañeros, padres, hermanos, etc. El resultado final de dichas luchas debiese ser la protección de la mujer desde el plano legal, estimulando la confección de leyes y procedimientos que intenten regular de mejor manera el trato hacia ellas.

Se trata de fundar una nueva forma de vida, que sea más solidaria y fraterna entre los géneros y que propicie un trato igualitario y abierto a la diversidad de género. Además la clave parece ser expandir los niveles de consciencia respecto del tema, para así llegar a ser una mejor sociedad: más inclusiva y con mayor espacio para la diferencia.

 

Kevin Villegas Retamal

Sociólogo (Universidad de Concepción, Concepción)

Magister en Estudios Culturales (Universidad ARCIS, Santiago)