Febrero bisiesto: Felicidad y desprendimiento

Hace tiempo Dolores Aleixandre comentó lo que para ella significaba el año bisiesto: “Me da alegría cuando un año es bisiesto, fundamentalmente por tres cosas: porque ese día de propina es una especie de recordatorio de que el tiempo es un regalo que recibimos de manera totalmente inmerecida y gratuita; porque se le añade precisamente a febrero, el mes más flaco y pobretón, y porque pone en evidencia que nuestros sesudos cálculos están siempre sujetos a desfases e inexactitudes……” Ante nuestra realidad chilena nos viene bien proponer una lectura del posible significado psicológico del tiempo que pasa y se escurre, concretamente con ocasión del año bisiesto. Pensamos en actitudes profundas que perduran más allá del tiempo.

1.- Gratitud. Es verdad: es bueno ser agradecidos. Los padres que profesan alguna fe religiosa enseñan a sus hijos, desde muy niños, a dar gracias a Dios por el día que comienza, por el alimento que está sobre la mesa, por el día que termina, “por mis papás y mis hermanos”, etc. Los padres de ninguna creencia también enseñan a sus hijos a dar gracias a la vida y a todo lo que nos ayuda a vivir felices. Es bueno ser agradecidos, es necesario ser agradecidos; la gratitud y la felicidad van de la mano. Es difícil que encontremos una persona ingrata y que a la vez sea feliz. El año bisiesto, con su añadido día de propina o de “llapa”, nos recuerda que el tiempo es un don, un regalo, que tenemos que recibir agradecidos. El “Gracias a la Vida” de nuestra Violeta nos recuerda el don de la vida y la respuesta de gratitud. Jesucristo lo dice también:  “Fíjense en los pájaros: ni siembran, ni cosechan, ni almacenan; y vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valen Ustedes mucho más que ellos? Y ¿quién de Ustedes, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida?” (Mt. 6, 26 s). Cada día es un regalo a nuestra vida. Demos gracias a Dios, a la vida, a la creación, a quien sea, pero seamos agradecidos. La gratitud es puerta para la felicidad.

2.- Solidaridad. En el año bisiesto se añade un día a febrero “el mes más flaco y pobretón”, en palabras de la mencionada Dolores Aleixandre. Es todo un signo de lo que tiene que ser nuestra vida: vida solidaria, compartida, especialmente con las personas más necesitadas. Sabemos que en Chile nos aflige el problema de la inequidad injusta; el desequilibrio insultante manifestado en el pésimo reparto de bienes. Mientras unos cuantos andan sobrados, a muchos les falta hasta lo más elemental para vivir. Conocemos una frase que se atribuye a Facundo Cabral, y que ha sido muy difundida últimamente: “Cuando murió mi mujer y mi hija en un accidente aéreo me llamó la madre Teresa. ¿Sabes qué me dijo? ¡Ah, caramba! Ahora sí que tienes un gran problema: ¿Dónde vas a poner el amor que te va a sobrar? Y me llevó a Calcuta a lavar leprosos, y me salvó.” Sí, solo nos salva el amor. El amor es solidaridad; el amor es puerta para la felicidad y mutua confianza.

3.- Humildad. “Nuestros sesudos cálculos están siempre sujetos a desfases e inexactitudes”, dice la autora de nuestra cita inicial. La gratitud, la solidaridad, y la humildad son tres buenas compañeras inseparables, y como están cimentadas en el amor van más allá de todo cálculo. Van juntas, muy de la mano, y evitan la envidia, la falsedad y el engaño, tres comparsas que también suelen ir juntas y que son antídoto para la felicidad. No creo que vayamos a encontrar una persona envidiosa, falsa y mentirosa, y que a la vez sea feliz. El hombre y la mujer humilde se saben limitados, con errores; conocen sus flaquezas y debilidades, y están siempre dispuestos a reconocer sus caídas y errores. No les cuesta pedir y otorgar perdón cada vez que sea necesario.

En el Chile de hoy necesitamos confiar unos en otros. Si logramos que la gratitud, la solidaridad y la capacidad de perdonar y pedir perdón sean el ADN de los chilenos, nuestra sociedad funcionará mejor y seremos más felices.

José Luís Ysern de Arce.

Psicólogo.