Juntos pero no Revueltos

Es verdad. Al inicio nunca se quiere estar en otro lado que no sea al lado de él (ella). Al inicio nos parece necesario, estar en todas juntos. Se disfruta, se anhela incluso, pero cuando los ciclos del amor avanzan y ya pasamos esa primera maravillosa etapa del encantamiento y la idealización y avanzamos a las etapas siguientes (no de menor categoría por cierto) del conocimiento real y el amarse con los ojos abiertos, esto de estar juntos juntos juntos… ya no parece una idea tan atractiva como al principio.

Muchos tienden a confundir esta situación con disminuciones en el amor (siempre me ha dado risa esa forma de análisis cuantitativo del amor) pero lo cierto es que se transforman en instancias sumamente legítimas que reivindican de manera sabia y potente esta suerte de distracción de sí mismos que vivimos siempre al inicio de cada relación.

Lo cierto es que en el imaginario de un relación sana siempre deben coexistir tres mundos, y no solo uno como pudiéramos suponer. De la calidad con que se viva cada mundo depende la continuidad contenta de la relación.

El Mundo del Uno

En esta dimensión es donde debemos habitar de manera consciente una buena parte de nuestro tiempo. No significa por cierto tener un departamento aparte o vivir en tu propia casa club, pero nos indica la necesidad psicológica presente de no olvidar quien eres. Tus gustos, las cosas que amas hacer, la configuración de tus sueños. Responde a esto una lógica esencial. Antes de estar en parejas eras un “uno mismo” que logró enamorar a ese otro “uno mismo”, por lo tanto no puedes cambiar tu esencia pues si la cambias dejas de ser tú y si dejas de ser tú desaparece la persona que fue la razón del enamoramiento de tu pareja. Darse tiempo para ti, para salir sólo a veces, para salir a caminar y simplemente pensar, es también una manera de cuidarse para estar en pareja.

El Mundo del Otro

El otro mundo que existe y cohabita al lado nuestro es precisamente el de la pareja. En este mundo del otro, que tiene para él (ella) la misma connotación y urgencia que el mundo del uno, debemos asumir una actitud respetuosa, observante y particularmente interesada. Si bien por una parte debemos dar todas las facilidades para que ese mundo sea vivido de manera independiente, siempre debemos estar atentos a las invitaciones que la pareja nos haga a este mundo. Sí, por que a este mundo, sólo se llega con invitación y debemos mostrarnos sumamente agradecidos y contentos cuando de vez en cuando seamos invitados a este mundo. Respetuosos, pues en este lugar imaginario el protagonista no soy yo, sino la pareja y por tanto debemos tributar en nuestra calidad de visita de manera tal de hacerle sentir que estamos felices en su mundo, que respetamos su protagonismo y que entendemos que la invitación viene de la generosidad y el amor y no de la obligatoriedad y la presión. Respetar y promover el mundo del otro, es también una manera de cuidarse para estar en pareja.

El Mundo de los Dos

El tercer mundo es seguramente al que estamos más habituados una vez que ya se está en pareja. En este mundo de los dos la protagonista no es el uno ni el otro, sino la pareja. La generación de instancias de complicidad, de tradiciones de pareja, de rituales, de códigos que los hacen transformarse en un mundo único en medio de tantos mundos. En este mundo la pareja debe ser pareja (de ahí parece viene la palabra), es decir simétrica, ninguno predomina sobre el otro y ambos se cuidan pues en el cuidarse está la clave para permanecer. Generar espacios para dos, exclusivos, sin hijos ni amigos, solo de a dos, es también una manera de cuidarse para estar en pareja.

Es así como en la sana coexistencia de estos tres mundos radica la clave de las relaciones sanas y contentas. No perderse de vista. No dejar de mirarse. No dejar de mirarlo (a). No resulta buen negocio el oprimirse y restringirse en los espacios individuales, las relaciones se asfixian y mueren en esa dinámica. Vivir y estar juntos, pero no revueltos como dice el sabio refrán, parece ser la mejor opción en la difícil tarea de permanecer, ser y estar en pareja.

 

Samuel Jiménez Letelier

Psicólogo