La ternura tiende puentes

Hace 30 años, el 9 de noviembre de 1989,  cayó el muro de Berlín, y muchas personas de un lado y otro de la ciudad que durante 28 años no pudieron ni verse, se fundieron ahora en un emocionado abrazo de ternura y amistad. Una vez más se comprobó que el ser humano está hecho para los puentes de unión y no para los muros  de separación; está hecho para los abrazos de amistad y no para los sentimientos de odio y venganza. Todo ser humano, sobre todo si quiere ser más humano, tiene que ser persona tierna, amistosa y solidaria. Dejar de lado la ternura y la misericordia es lo mismo que olvidarse del amor, y eso sería lo mismo que convertirse en un ser inhumano.

El amor lo necesitamos como el aire que respiramos; si no amamos nos morimos. Pues bien, la ternura es el sentimiento que aterriza el amor y lo lleva a la práctica. Un amor sin obras, sin ternura aplicada a la vida, sería hueco, pura palabra vacía que se la lleva el viento. “Obras son amores y no buenas razones”, dice el refranero castellano. Si me hablas mucho de amor, pero no veo en ti obras, acciones concretas de amor, no te creo. Sin embargo, a ese otro que no repite tanto la palabra amor pero ejecuta proyectos y acciones de ayuda desinteresada, le creo. Creo en él/ella porque  es una persona amorosa.

Es amorosa y tierna esa mujer sencilla, entrada en años, que sin echarse flores ni buscar reconocimientos en los medios ni en las redes sociales, trabaja todos los días en su junta de vecinos para que los adultos mayores de su barrio obtengan las buenas atenciones que les corresponde en salud, pensión, mejoras culturales, etc. Esa mujer no tiene estudios ni título alguno, pero goza de  un título que es superior al mejor de los doctorados: sensibilidad por la justicia social. En el otro extremo etario, es tierna y solidaria esa jovencita que me sorprendió muy gratamente por su actitud. Me refiero a una linda joven que iba sentada en el suelo en el metro de Santiago a una hora de gran afluencia de pasajeros. Parecía que iba absorta en su teléfono móvil con audífonos instalados; parecía ensimismada en ese “privilegiado” asiento, y es posible que un observador cualquiera pensara que se trataba de una joven egocéntrica. Pero quedé admirado por la rapidez con que se puso en pie para dirigirse a un señor muy mayor que acababa de subir al metro. A primera vista podría parecer que la joven se levantaba del suelo para ofrecerle al anciano su peculiar asiento; pero no. Lo que hizo la chica fue algo muy inteligente: preguntó al recién llegado dónde se bajaba, y al comprobar que este señor mayor viajaba hasta una estación bastante lejana, a viva voz, con clara pronunciación y firme carácter, proclamó un breve pero enérgico discurso: “Este señor se baja en tal lugar. ¿Nadie va a ofrecerle asiento?” Inmediatamente se levantaron varias personas que cedieron lugar al anciano caballero. Maravilla de maravillas de joven mujer, tierna y encantadora. 

Así es la ternura. La persona tierna y solidaria lo hace todo en forma espontánea, servicial, sencilla, sin aspavientos. Está a la altura de los más pequeños y necesitados para ponerse a su nivel, ponerse en sus zapatos y conocer sus necesidades. La suya es además una mirada inteligente; no actúa a tontas y a locas sino que examina la realidad, la analiza, juzga los medios más convenientes para la solución y actúa en consecuencia. La persona tierna y amorosa no lo tiene todo fácil, se le van a presentar problemas y hasta encontrará oposición en algunas personas de su entorno, pero nada le arredra porque actúa por la justicia y el amor. 

Busca gestos y palabras de reconciliación, de encuentro, de bondad, donde otros van con maldad, rencores, murmuración, habladurías de mala clase. Sí: es mejor tender puentes que levantar muros. 

José Luís Ysern de Arce

Psicólogo