Necesidad de Control

Entra y sale de su casa tres veces para verificar si está todo bien. Llama a su hijo que salió a carretear una y otra vez, para recordarle que no se pase de la hora de llegada. Se complica desproporcionadamente cuando alguien llega un par de minutos tarde o se exaspera con los demás cuando no puede llegar a tiempo a algún sitio. Se involucra en las problemáticas de los otros y en el contexto del trabajo no delega y se sobrecarga. ¿Conoces a alguien así?, o aún más, ¿te reconoces en la descripción?. Si es así estamos frente a un desajuste en la necesidad de control.

Una de las cosas que más angustias nos provoca en la vida es justamente la pérdida del control. La sensación psicológica de no tenerlo genera en nosotros un profundo desánimo y desesperanza que muchas veces nos lleva a la depresión. El vivir en un ambiente que evaluamos como amenazador nos lleva muchas veces a desarrollar maneras alternativas de protección, que en el mundo de la clínica psicológica llamamos Mecanismos de Defensa. En este caso particular, estos mecanismos pueden asociarse a una necesidad desmesurada por controlarlo todo. Y claro, resulta sumamente dificultoso vivir así.

Es esta entonces la razón por la cual existen personas controladoras, y entender que no necesariamente se trata de características avasalladoras sino que tras ello hay una profunda inseguridad que nos mantiene con un gasto sobrecargado de energía que nos agota, angustia y deprime.

Lo complejo de este tipo de situación es que el control desde una justa dimensión es absolutamente necesario para una vida emocional saludable, pero cuando está direccionado a elementos fuera de nuestro rango de alcance, el entorno lo reciente y lo reclama, dificultando muchas veces de manera irreparable nuestras relaciones sociales, y conectándonos con un sentimiento de frustración que nos torna poco a poco en personas agresivas, malhumoradas y tristes.

Es por esto que en el desarrollo de la actividad clínica he trabajado con pacientes una metodología que pretende clasificar y trasladar al mundo consciente los distintos tipos de control, ajustándonos a lo que es necesario para mantener el equilibrio y desechando lo que nos conduce a la frustración, mientras paralelamente se trabaja a nivel cognitivo (mundo de las ideas) para identificar las creencias que nos insegurizan en referencia al entorno y disminuir así la necesidad de control.

Es en este contexto, que hemos identificado tres situaciones derivadas de la necesidad de control que es necesario identificar para así siempre tener conciente ante qué tipo de evento nos encontramos y tomar decisiones correctas con respecto al ejercicio del controlar.

Lo que debemos controlar. Está referido a todo lo que tiene que ver con nuestro mundo emocional y conductual pero a nivel interno, es decir, en nosotros mismos. Controlar nuestras emociones y reacciones por ejemplo, o la manera en que vamos a trabajar y conducirnos en la vida. Este tipo de control es justamente el necesario para una salud mental saludable.

Lo que no debemos controlar. Este punto está referido principalmente al mundo emocional y conductual de los demás y por tanto genera resistencia y animadversiones. Tiene que ver cuando intentamos controlar a nuestra pareja o amigos, cuando controlamos su hora de llegada, o revisamos su teléfono o pretendemos definir con quien se junta o no. Tiene que ver también cuando creemos que una persona debe actuar de acuerdo a nuestros propios parámetros y se lo exigimos desde una profunda convicción. Todo esto se enmarca dentro de lo que de alguna manera podemos controlar, pero no debemos.

Lo que no podemos controlar. Referido a todas aquellas cosas que no están siquiera a nuestro alcance de determinación ni influencia. Son las acciones que llevan a algunas personas a dar vueltas en círculos en torno a un gasto de energía innecesario puesto que se sufre la frustración de no poder controlarlas. Es no comprender que en el mundo hay cosas que simplemente pasan y habla de una bajísima capacidad de adaptación y resciliencia.

Todo lo que nos ocurre en el día a día referente a los ámbitos de la necesidad de control caben en alguna de estas tres “cestas”. Nada queda afuera de alguna de ellas. El ejercicio que propongo tiene que ver con hacerse simplemente la pregunta ante toda situación de control. “¿Esto está en lo que debo, no debo o no puedo controlar?”. De lo que debo, me haré cargo y lo controlaré. De lo que no debo, renunciaré y me replantearé. De lo que no puedo, simplemente lo dejaré pasar y me adaptaré.

 

Samuel Jiménez Letelier

Psicólogo