Palabras de amor

Soy de los que se detienen a leer los grafitis de las paredes porque hay algunos con mucha gracia y estética. Otras veces despotrico contra el autor de la pintada no solo porque echó a perder la limpieza del muro sino porque además lo que dice en su grabado es una vulgaridad que avergüenza a todos. Me pareció muy buena, y a la vez muy respetuosa del local y su estética, una pintada que decía: “Sabes que te amo. Ahí tienes mis besos, versos y vida”. Una manera de recordar el conocido refrán “obras son amores y no buenas razones”.

Una de las palabras más usada y repetida es AMOR. Me temo que a veces se dice con demasiada facilidad sin tomarle el debido peso. Si la palabra no va acompañada con los oportunos versos, besos y vida, es una palabra vacía. Pero no basta con las obras y hechos, también hay que recordarlo con las palabras. Es decir: todos vivimos la experiencia de amor, nos sentimos queridos por nuestros seres cercanos, padres, hermanos, amigos, pareja, hijos, etc. Son personas que con su actuar diario nos están diciendo todo lo que nos quieren, lo están diciendo todos los días con su manera de comportarse, con sus obras, con sus hechos, con su vida, pero igual nos viene muy bien que nos lo digan. Ya sé que me quieres, no me cabe duda, pero de vez en cuando dímelo de nuevo, repítemelo muy tierna y dulcemente al oído porque me viene muy bien y me agrada. A nadie le amarga un dulce. Esa es la fuerza de la palabra.

Que me tengas amor o no, se ve en tus palabras y obras. Las palabras de amor sincero no se las lleva el viento porque se ven ratificadas con los hechos, con la manera de comportarnos, sobre todo en los momentos de crisis y dificultades, con la vida compromiso que llevamos uno junto al otro. Así es no solo el amor de pareja sino todos los amores. ¿Qué decir de esa maravilla que es el amor de amistad donde el amigo se la juega en serio por la vida y felicidad del amigo?

Pero repito: la fuerza de las palabras es muy grande. Por eso conviene pronunciar de vez en cuando con la sinceridad más sincera y profunda esa palabra mágica: te amo, te quiero. Ya sé que lo sabes, pero te lo repito. Las palabras sinceras tienen un valor inigualable. Toda palabra es relación interpersonal, comunicación, sale de mí y va a ti en forma gratuita; a la vez hace eco en ti y vuelve a mí enriquecida por la originalidad de tu respuesta. Por eso decimos que las personas se entienden hablando, y que las personas que dialogan no se pelean. Podrán estar en desacuerdo en muchas cosas, no tienen por qué coincidir en todo, pero lo cierto es que si dialogan mirándose a los ojos, siempre se darán la mano y nunca exhibirán las armas. La palabra diálogo viene de la etimología griega “dia” (a través de, por medio de) y logos (palabra, razón, lógica). Mientras nos miremos a los ojos y nos dirijamos la palabra con respeto, jamás causaremos odios ni venganzas. Esto es lo que hacen los verdaderos caballeros y las verdaderas damas; el diálogo sencillo y sincero entre las personas es la mejor señal de su honor y nobleza.

Es muy bonito lo que le dice Don Quijote a su escudero Sancho cuando estaban hablando del asunto de caballeros, títulos nobiliarios, hidalguías y otras lindezas de ese estilo: «Al caballero pobre no le queda otro camino para mostrar que es caballero sino el de la virtud, siendo afable, bien criado, cortés y comedido y oficioso, no soberbio, no arrogante, no murmurador, y, sobre todo, caritativo». Bien por Cervantes; esto lo dijo hace 500 años, pero sigue siendo completamente actual.

Qué importante es el valor de la palabra sobre todo cuando ella viene refrendada por los hechos; qué importante es el amor y qué importantes son las palabras de amor. Necesito que me ames y necesito que me lo digas. Por eso decimos que el lenguaje hace realidades: si al niño le repito una y mil veces que es tonto, acabará comportándose como tonto, pero si le repito una y mil veces que te amo y eres el amor de mi vida, y se lo demuestro con mis hechos, el niño crecerá siendo amoroso. Nuestra palabra puede ser alimento y vida, pero también puede ser puñal envenenado. Prefiero la primera opción: palabras de amor producen amor.

 

José Luís Ysern de Arce

Psicólogo