Parejas con hijos(as): ¿Cómo enfrentar una ruptura?

Una ruptura de pareja supone una crisis difícil de abordar para algunos(as), sin embargo, cuando esta ruptura repercute también en terceras personas suele resultar aún más difícil, este es el caso de las parejas con hijo(s).

Como ya sabemos, lo cierto es que a nadie le enseñan a ser padre o madre y cada uno actúa de la mejor manera que puede; sin embargo como todo ser humano en ocasiones cometemos errores y lamentablemente éstos repercuten en los hijos, siendo errores muchas veces enmarcados en sentimientos de rencor propios de adultos, quienes incapacitados para separar la relación de pareja de su maternidad/paternidad involucran a terceros generando un daño emocional muchas veces inimaginable y cuyas consecuencias a nivel psicológico bien pueden perdurar durante años.

Durante la infancia y adolescencia vivir un proceso de separación entre los padres supone una transición en ocasiones llena de incertidumbres; si para nosotros como adultos resulta complejo abandonar una relación de pareja, más difícil será para un hijo(a) alejarse de la figura de un padre o madre pues en ocasiones no comprenden lo que sucede, siendo por ello relevante explicarles por ejemplo, que la dinámica familiar cambiará pero que sin embargo ambos padres seguirán disponibles para él/ella, apoyándolos en la expresión de sus sentimientos al respecto sin temor a que con ello puedan lastimarnos, más evitando explicar los detalles de la ruptura sobre todo si ésta es conflictiva, considerando que entre más avanzada la edad del hijo(a) muy probablemente sea capaz de generar su propia visión de lo que sucede.

Evitar las descalificaciones hacia el otro padre o madre es otra de las bases para una separación saludable, expresarlas frente a los hijos sólo genera en éstos altos niveles de ansiedad y angustia, visualizándose como hijos en medio de una discusión que muchas veces los presiona explícita o implícitamente a ‘escoger’ a una de las dos figuras, promoviendo sentimientos de culpa y traición que van deteriorando el estado emocional en los hijos así como las relaciones parento-filiales.

Conocido es el caso de aquellos padres o madres no custodios (aquellos que tras la separación dejan de convivir con el hijo o hija) que se alejan por completo perdiendo la comunicación con su(s) hijos(s), promoviendo un deterioro emocional en los mismos ante el cambio repentino en la dinámica familiar, generando sentimientos de tristeza, decepción ante el abandono y por qué no, rabia y que muchas veces dañan la relación parento-filial irreparablemente.

Involucrar a los hijos en discusiones que atañen temas de adultos es otro error. Común es presentar conflictos asociados a la temática del dinero, en donde tras una vinculación conflictiva entre adultos éstos delegan la función de solicitar el mismo a los hijos: “dile a tu papá/mamá que deposite la pensión (alimenticia)”, “anda y dile a tu mamá/papá que mande plata”, siendo esta una función que sólo como adultos deberíamos solucionar.

Respetemos cuando nuestros hijos(as) deseen llevar una relación positiva y cercana con su padre/madre no custodio, recordemos siempre que las relaciones de pareja y las de madre/padre – hijo(a) son vínculos totalmente diferentes. Evitemos generar sentimientos de culpa en los hijos ya que éstos no tienen por qué tomar parte por uno de sus padres, menos a solicitud de uno de ellos y, evitemos también utilizar a los hijos de ‘rehenes’ cuando las cosas no funcionan, negar la vinculación positiva de ellos con su padre/madre no custodio cuando por ejemplo el pago de la manutención se interrumpe no es la solución correcta.

Nunca debemos olvidar que fuimos los adultos quienes escogimos a aquel padre o madre para nuestros hijos y que por ende, no podemos responsabilizarlos ni comprometerlos a ellos en nuestras discusiones, siempre llegará el momento en que los hijos se den cuenta por sí mismos de cómo las cosas han funcionado en la familia, no siendo necesario para ello inocular ideas –negativas– respecto a la figura del otro padre o madre.

Cuando una figura importante se aleja y las cosas cambian es necesaria una reestructuración interna y con ello un proceso de adaptación, apoyemos a nuestros hijos en aquella transición evitando aquello que pueda ser perjudicial para su salud emocional estando atentos a los cambios emocionales y/o conductuales que pueda presentar y que son indudablemente una muestra de cómo están vivenciando este proceso, recordando siempre que lo complejo de esto es que tanto padre y madre biológicos lo serán para toda la vida, independiente de que luego otra figura supla este rol.

 

Angélica Albornoz Lillo

Psicóloga