Si hoy fuera mi último día

Seguro que algo nuevo pasaría en cada de uno de nosotros si supiéramos que este podría ser mi último año o día de vida. Cuando cada noche nos acostamos damos por seguro que amaneceremos mañana tan radiantes y felices de la vida como siempre. Pero en realidad nada ni nadie nos puede asegurar que será así. Nuestra vida es una tal cadena de sucesos imprevistos o imprevisibles que no podemos asegurar con certeza absoluta qué es lo que será de nosotros dentro de un rato. Vivimos bajo el factor incertidumbre: solo estamos seguros de lo que ahora somos y estamos haciendo, pero no podemos asegurar lo que será de nosotros el día de mañana. Por eso las personas que toman sana conciencia –no neurótica conciencia- de este factor incertidumbre, asumen una actitud muy interesante y saludable: vivir despiertos. No quieren que su vida pase en forma rutinaria, indiferente, apática y aburrida. Al contrario, se esfuerzan porque cada día esté lleno de energías y fuerzas continuamente renovadas. Si tú y yo supiéramos que estamos a las puertas del término de nuestras vidas seguro que dejaríamos de lado muchas cosas que acaparan nuestra atención y nos angustian, y valoraríamos otras que son mucho más importantes: todo lo que tiene que ver con el amor y la felicidad de las personas que nos rodean. Por supuesto que no se trata de meternos miedo con la idea de la muerte ni vivir obsesionados con el tema, pero es seguro de que si pensáramos en forma sana y madura en esa verdad que nos afirma que hoy somos y mañana no seremos, no cabe duda de que algo cambiaría –cambio a mejor- en nuestras vidas.

Cuentan que cuando Platón se encontraba cercano a la muerte llegaron algunos de sus discípulos para escuchar de sus labios algún consejo póstumo, y Platón respondió: “aprendan a morir”. Esto no quiere decir que hay que vivir obsesionados con la idea de la muerte, sino que hay que vivir teniendo un claro sentido de la vida; tener claro el para qué vivir.

Al terminar un campamento de formación con jóvenes universitarios durante el verano 2018, hubo que hacer evaluación de esos días compartidos con fines formativos. Muchos de los jóvenes evaluaron de manera muy positiva todo lo que se hizo y dijo en aquellas jornadas; pero lo más importante venía cuando daban a conocer los motivos de dicha alta evaluación: “porque en este campamento he compartido con gente maravillosa, personas muy lindas que no sé si volveré a encontrar”. Como desconocían si con personas tan lindas y maravillosas se podrían encontrar de nuevo en la vida, añadían: “quiero dejar para todos lo mejor de mí mismo/a”. Esta es una actitud realmente sabia e inteligente. Si todos los días viviéramos así y pensáramos así; si más veces en el transcurso de cada jornada nos preguntáramos por ejemplo cosas tan sencillas y profundas como cuántas veces volveré a estar con estas personas, cuánto tiempo podré vivir al lado de mi padre, de mi madre y hermanos, seguro que nuestra vida cambiaría en muchos aspectos, nos tomaríamos más en serio cada una de nuestras palabras, gestos, actitudes.

El factor incertidumbre nos pude animar a dar en cualquier momento de la vida lo mejor de nuestra vida. Cuando en tertulias informales o en charlas más convencionales tocamos el tema de vivir despiertos y decimos que es bueno vivir como si cada día fuera el último, no faltan personas que se asustan y dicen que hablar así es como provocar un miedo especial al momento de la muerte. Pero es todo lo contario: habría que preguntar a esas personas a qué es lo que en realidad tienen miedo. ¿No será que su miedo va más dirigido a la vida que a la muerte?

Claro que sí, esta es la pregunta que habría que hacerse porque puede ser que nuestra vida esté transcurriendo en forma muy superficial, vulgar, mezquina y mediocre. Todos sentimos una especie de rechazo hacia la mediocridad; y parece normal que a una persona mediocre le pueda dar miedo presentarse al fin de la vida con las manos vacías, sin haber contribuido nada a la felicidad de los demás. Mientras que es muy bonito ver que muchas personas, ante la pregunta sobre que sería de ellas al saber que hoy es el último día de su vida, seguirían felices haciendo lo que siempre han hecho: contribuir a la felicidad de todos.

José Luís Ysern de Arce

Psicólogo