Tu Teléfono, Mi Angustia

Momento final del día. Cada uno ha llegado de su trabajo. Acostados esperan el inicio de la nocturna en la tele. Comerciales. Tiempo de revisar mi celu. De pronto observo una mirada indiscreta sobre mi hombro y me encuentro con sus ojos, si, esos mismos ojos que me enamoran buscando quien sabe qué en la pequeña pantalla de mi dispositivo.

Seguramente, más de alguna vez nos hemos visto en ésta característica situación, un lugar común en tiempos del amor tecnologizado y en red. La intercomunicación instantánea entre múltiples actores nos pone hoy gracias al teléfono celular en una enorme exposición mediática, que a ojos desconfiados, es la manifestación más pura del peligro a la estabilidad en la relación de pareja. Vamos enfocando en el aparatito, todos nuestros temores y angustias y vemos cómo se va transformando en una enorme amenaza para todo lo que hemos construido.

Lo cierto es, que con la llegada de esta nueva era y todos sus avances tecnológicos, efectivamente hoy por hoy tenemos acceso directo e instantáneo a un sinfín de aplicaciones, sitios web y redes sociales que para quien quiere experimentar más allá de responsabilidad y el compromiso aceptado en pareja, resulta un universo de posibilidades. Por lo tanto, y dicho todo lo anterior, no es un miedo sin razón, tiene lógica y sustento, lo que explica por qué cada sonidito de las notificaciones del whatsapp de él (ella) cala tan hondo en nuestra mente… y si eso va acompañado de una sonrisita o una expresión “poco conocida”, es porque estamos, definitivamente, en el infierno.

Por cierto no es algo que le pase a todo el mundo, algunas parejas, como ya lo hemos dicho, tienen estas capacidades extraordinarias de mitigar la angustia que pudiera ocasionar una situación como esta de manera muy natural. Por ejemplo, una solución a esto sería simplemente preguntar. “Y con quien estás hablando que te ríes tanto”. Si no ocupamos este método es porque muchas veces creemos que es asumir que estamos celosos o que desconfiamos, lo que suele llenarnos de vergüenza y por lo tanto es una conducta que generalmente reprimimos. Pero que fácil sería verdad, simplemente preguntar lo que queremos saber. No tiene nada de malo, no es una falta de consideración a la privacidad del otro si finalmente podemos aceptar la respuesta y es aquí dónde está el real problema, pues muchas veces no nos conformamos con la explicación y por lo tanto generamos una costosa pelea.

Abordar el tema con sentido del humor, siempre es también una buena estrategia. Tirar una broma, “hacerse el celoso (a) simpático”, hablar en tono de guagüita para sacar una risa puede ser también una buena manera de bajar la angustia y quebrar la tensión que la situación genera.

Por último, un tercer consejo sería lo que llamo la técnica de “apagar el incendio en tu cabeza”, es decir accionar de manera silenciosa y con un plan de argumentaciones lógicas para la eliminación de ideas irracionales. Primero cuestionamos nuestra propia angustia, preguntándonos de donde viene ese miedo. Luego seguimos preguntándonos las cosas que nos hacen ruido y vamos dándole explicaciones coherentes. Por ejemplo: “Por qué debo creer que cuando está respondiendo mensajes en su celular lo hace con otra persona… y si es así, por qué debería creer que es un engaño?… No es lógico, si estuviera haciendo algo indebido no lo haría justo a mi lado, buscaría un lugar privado… en realidad, no tengo por qué angustiarme “.

Las crisis de confianza por cierto es un elemento agravante en este tipo de situaciones. Si han existido infidelidades, secretos u omisiones por parte de alguno de los integrantes de la pareja, por cierto que se gatillarán de manera mucho más fácil estas situaciones y se activarán como un cuadro de estrés post traumático cada vez que el (ella) tome su teléfono e interactúe con el equipo de manera misteriosa.

Esta trivial y común situación descrita del teléfono, cuando pasa de ser una anécdota pequeña y se transforma en un tema que provoca discusiones y demandas de información son el significante de una crisis mayor que debe ser abordada de manera consciente y cuidadosa. No aumentar la angustia de la pareja es un deber de cada uno, como también lo es el respeto por la privacidad del otro, pero lo que sin duda es el deber más importante de todos es el generarse de manera constante espacios de compartir, de vivir la relación en detalles, con tacto y besos… no con teclas, ni emoticones.

Nota Final: Apague el celular. Hay algo mucho mejor, justo a su lado.

Samuel Jiménez Letelier

Psicólogo