Un Nuevo Año

Cuando estamos cercanos a finalizar un año, las emociones se perciben en el aire, es una época en la que se cierran ciclos y se hacen balances, estos balances, si bien son útiles, muchas veces suelen ser peligrosos, puesto que nos confronta con lo que se termina, con lo no resuelto, con sueños y metas, las cuales en muchas ocasiones no fueron alcanzadas, es entonces, donde una sensación de angustia y un sutil dejo de melancolía disfrazada de festividad se va apoderando de algunas personas.

En el inconsciente colectivo, o el imaginario social, las fiestas de fin de año son eso, fiestas, donde la unión familiar, el encuentro con los otros, es una norma intrínseca que debiera cumplirse. Analizar tus metas obtenidas y proponerte nuevos desafíos se asocia y es vista como una señal de éxito. Qué sucede entonces con mis metas no alcanzadas, con aquellos proyectos fracasados, con mis objetivos no cumplidos, debo sentirme entonces condenado a decir que fue un mal año. Creo que es aquí donde debemos detenernos, existen eventos importantes en nuestras vidas, que son situaciones que como ser humano hay que vivirlas, experimentarlas, sentirlas y obtener de ellas el mayor aprendizaje. Aprender a vivir, a llorar, a levantarse y reinventarse, a ser más consciente, conocernos y reconocernos en nuestros momentos de mayor flaqueza, lograr forjar el temple, respirar profundo y decir, aquí estoy, lleno de esperanzas, nuevos sueños y desafíos. Comprender que no importa lo que haya sucedido… Fue un buen año.

“Aprendamos a valorar lo que somos y lo que nos sucede, no comparar éxitos con un año exitoso, que nuestra vida, sea siempre el mejor escenario para comenzar de nuevo, para empezar un feliz año nuevo.”

Danitza Moncada, Psicóloga