Una Pareja Extraordinaria

El sueño de cada pareja es la prosperidad. Eso de hasta que la muerte nos separe está siempre a la base de los anhelos de aquellos que inician una relación con toda la motivación e ímpetu para transformarse en una inmensa historia de amor. Y está bien que sea así. El estar en pareja es un asunto de proyecciones. Ahora, que nos resulte es otra cosa. Y qué estamos dispuestos a hacer para que en definitiva funcione, es una pregunta incluso más grande.

Lo cierto es que todos queremos ser una pareja extraordinaria.

Una pareja extraordinaria no solo se conoce, sino que se reconoce constantemente. Entiende que no todo lo que se dice se dice con palabras y otorga valor a los silencios, a los gestos, a las miradas y por cierto también a las actitudes. Se pasean por las diferentes emociones propias de cualquier ser humano, pero conscientes de que existimos al lado de otro ser humano igual que uno. Con mismos derechos y responsabilidades y por cierto con una historia que explica su presente, su cómo ser, su manera de mirar el mundo y de vivir una relación.

Una pareja extraordinaria se comunica de manera clara y precisa. No se hace trampa. Entiende la lógica que indica que en una pareja no pueden haber vencedores y vencidos y apuesta a los consensos y al sentido de compartir la victoria y la derrota. No enrostra, no saca en cara, no dice “te lo dije”. No sacude tu error como si fuera una bandera. No aprovecha tu historia para condenarte. Se dice lo que se quiere. Se define que emoción se quiere lograr y se actúa en consecuencia. Se comprende la lógica de saber qué se debe hacer para lograr lo que se quiere lograr. Eso es comunicación sin trampas. Y no se puede de a uno no más. Se necesitan dos.

Una pareja extraordinaria comprende que el amor no basta. Que es mentira eso de que el “amor es más fuerte”, pues finalmente si se ama, o se cree que se ama, sin otorgar los espacios suficientes como para que florezcan a su lado la libertad y la confianza entonces ese amor del cual se vanaglorian es solo letra muerta. Palabra vacía. Por eso, no se exigen, se piden. Por eso no se controlan, se cuidan.

Una pareja extraordinaria se sabe imperfecta. Y más que lamentarlo se reconoce desde esa imperfección. Desde ahí se hace humilde y con esa humildad se vuelven generosos. Ya pueden por tanto dar y recibir, sin cobro, sin intereses, sin egoísmos, sin falacia. Se saben en continuo cambio y comprenden que si cada cual cambia no es lógico creer que la relación no lo haga. Y se convierten, cada día. Y se adaptan, cada día. Y se eligen, cada día.

Las parejas extraordinarias si existen. Son escasas porque, claro, son extraordinarias. Pero si existen. Las parejas normales no son buenas por ser normales. Son normales porque siguen una norma. Norma casi siempre equivocada y basada en una ilógica lógica de creer que sabemos lo que queremos ser sin reflexión ni análisis.

Cuando una pareja se siente resuelta y dicta cátedra desde su propio ejemplo, no es una pareja extraordinaria. Estar en pareja es un proceso de conocimiento constante, por lo tanto no es que exista un “juntos hasta que la muerte nos separe”, sino que a veces la muerte te atrapa justo cuando se estaban conociendo.

A veces las parejas extraordinarias se separan. Se miran un día y son capaces de decirse “ya no te amo” y no por eso dejan de ser una pareja extraordinaria. Son capaces de darse las gracias y marchar en direcciones opuestas con besos en la frente y no con platos por la cabeza.

Las parejas extraordinarias sí van a terapia. Entienden que ahí no van los enfermos sino los que quieren estar mejor y que por eso se transforman en una pareja extraordinaria, que sale de la norma, pues en definitiva ¿quién está más mal?. ¿Los que van… o los que no van?

En conclusión: Transformarse en una pareja extraordinaria, y trabajar cada día para ello, es justamente lo que hacen… las parejas extraordinarias.

 

Samuel Jiménez Letelier

Psicólogo