Volver a empezar

“Siempre hay tiempo, para volver a nacer”. Así reza la canción que más de alguna vez todos hemos escuchado en la dulce voz de la Cecilia Echeñique. Una canción que nos conecta con un profundo sentido de esperanza pero que evoca a su vez una tristeza dolorosa, que inunda los ojos y bloquea el alma. Es el temor a recomenzar. Es el miedo a ver la colina cuesta arriba y sentir que no somos capaces de subir.

Cuando en la relación de pareja se evidencia el doloroso momento del ocaso y se aproxima inevitablemente la separación surgen miedos que muchas veces generan la postergación de un momento de quiebre que a todas luces resulta inevitable. Es necesario recordar, que nunca una separación dejará de ser dolorosa, pero que en muchas oportunidades se constituye como la única opción viable para no caer en el daño mutuo. Por tanto, cuando el miedo nos hace actuar estamos hipotecando nuestra propia felicidad e incluso la de la pareja. 

 Este inminente y necesario final generalmente viene acompañado de algunas ideas que son las que finalmente activan conductas de evitación. Creer, por ejemplo, que luego de la separación está la soledad,  que ya no habrán nuevas oportunidades para ser feliz, que ya estamos muy viejos para volver a enamorarnos o que sencillamente la vejez más avanzada será una pesadilla sin redes de apoyo.

Pero, lo cierto es que no es tan malo recomenzar. Es cierto, debemos hacernos cargo que no es lo mismo recomenzar a los 30 que a los 60, pero en ambos casos el proceso será necesario y puede transformarse en una experiencia enriquecedora si aprendemos a disfrutar cada día de las cosas que van apareciendo en cada esquina de este nuevo camino.

La búsqueda del nuevo espacio

Un aspecto importante  de este proceso está constituido por la búsqueda del nuevo espacio. Da lo mismo si te tocó quedarte en la casa que antes se compartía en familia o tuviste que irte. El espacio no es solo el lugar físico sino que es ese lugar emocional y psicológico que te permite sentir protección y sentido de pertenencia. Por lo tanto, si te tocó quedarte lo que se debe hacer es reorganizar el lugar, cambiar muebles, generar una nueva distribución, pintar paredes. 

Si por otra parte, te tocó irte, se debe buscar un lugar lo más agradable posible. Poner energía en ese espacio y no transformarlo en un centro de vocación al dolor. Muchas veces pasa que en nuestro equivocado sentido de autocompasión hacemos de este lugar un espacio gris, desordenado y sucio. Es necesario llenar ese espacio, buscar los detalles que harán la diferencia. Un nuevo adorno, la compra de alguna cosa que hará la vida más cómoda y que te agrade ver u ocupar. Preparar el espacio para ti, pensado en ti para cuidar de ti.

En ambos casos, el propósito está centrado en la autoprotección. En la idea de tener un lugar reconfortable para sanar las heridas y vivir sin postergaciones el dolor necesario del quiebre vivido.

El cambio de actitud

Volver a vivir desde el uno, luego del quiebre es un ejercicio que además debe ser vivido con un cambio de actitud. Muchas personas que se separan siguen viviendo el quiebre desde la perspectiva del estar en pareja y por ello el proceso de duelo que emana de este evento se extiende muchísimo más de lo que nos debe parecer sano.

En definitiva caemos en lo que llamamos la “no separación psicológica”, es decir, ya no estamos juntos físicamente pero seguimos vinculados a nuestra ex pareja, buscando soluciones ya intentadas y viviendo el sufrimiento a carne viva sin un sentido de esperanza que nos permita salir del dolor. Incluso puede ocurrir que inconsciente o irreflexivamente no tengamos ganas de enviarnos el mensaje de que ya estamos mejor, pues esto en sí mismo implica que ya hemos asumido la separación, y no queremos dar vuelta esa página.

El cambio de actitud es levantarse un día y mirar diferente. Aprender a hacer nuevas cosas y conectarse con un sentido de futuro con sentido. Soportar el dolor bajo el paraguas de la convicción de que la separación fue lo correcto y en ese mismo proceso aprender a perdonar y a perdonarte.

“Si una mañana despiertas con ganas de nada, si ni siquiera te alienta  abrir una sola ventana. No dejes que tu alma se seque. Recobra esa antigua esperanza”

Si se puede… Si se puede. 

Samuel Jiménez Letelier, Psicólogo

Sentido Humano Consultores

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