Confío en ti, confía en mí

Confío en ti, confía en mí

En la mitología griega hay enseñanzas que no pasan de moda; por medio de mitos y fantasías los sabios enseñaron grandes verdades de plena actualidad. Así ocurre con el mito que presenta como protagonistas a Eros y Psique: Eros se enamora perdidamente de la princesa Psique, pero por determinadas razones no puede darle a conocer a ella su verdadera identidad hasta que llegue el momento propicio. Psique se compromete a no indagar sobre la identidad de su amado. Se aman profundamente el uno al otro, pero tienen que cumplir fielmente el pacto de encontrarse siempre a escondidas en medio de la noche para que la identidad de Eros permaneciera oculta por ahora. En una ocasión Psique ya no puede soportar más esta situación y rompe el pacto: cuando Eros se encuentra profundamente dormido a su lado enciende una lámpara de aceite para ver su rostro. Nerviosa, porque sabe que está incumpliendo su palabra, le tiembla la mano y una gota de aceite caliente cae sobre el rostro de Eros. Este se despierta, y muy frustrado por la actitud de su amada pronuncia la famosa frase: “El amor no puede vivir donde no hay confianza”. Abandonó a Psique y se sucedieron múltiples peripecias, peligrosas aventuras y vicisitudes, hasta que volvieron a reconciliarse.

Es verdad: sin confianza mutua no podemos avanzar como amigos ni como sociedad. Sin confianza nuestra amistad se quiebra, nuestra familia se desintegra, nuestra sociedad se convierte en nido de víboras que se muerden unas a otras y que inoculan su veneno al que se acerca.

Para crecer y desarrollarnos como personas sanas nos necesitamos unos a otros, nadie se basta a sí mismo, todos somos necesarios. Todos: desde el más grande al más pequeño, desde el más poderoso al más sencillo y anónimo peatón de nuestro barrio. En Chile no sobramos nadie: para salir de la pandemia Covid-19 hemos de cuidarnos unos a otros, pero para construir un Chile nuevo donde impere la justicia, la equidad, la auténtica democracia, la libertad verdadera, también todos somos necesarios.

Cuando hay conciencia de que todos nos necesitamos surge la exigencia de la confianza mutua; si juntos queremos construir una sociedad mejor, un Chile de todos y para todos, es necesario que unos a otros nos brindemos el voto de confianza mutua. Algunos comentaristas de costumbres antiguas dicen que la práctica occidental de estrecharnos la mano en señal de saludo surge de aquellos tiempos de caballeros de capa y espada. Al encontrarme contigo y ofrecerte mi mano en forma inmediata era señal clara de que para nada tenía intención alguna de sacar mi espada en amenaza contra ti. De alguna manera la actitud de confianza es una especie de zambullida en lo profundo de la relación humana; es como ir a ojos cerrados a tu encuentro dando por hecho que ninguno de los dos nos vamos a traicionar.

Con qué cariño y admiración vienen ahora a mi recuerdo tiernas y grandiosas escenas -a la vez que muy sencillas- de mi tiempo de infancia en aquellos recónditos lugares de la legendaria Castilla del Cid, donde con mi familia pasamos los duros años de la guerra, cuando todavía no teníamos noticias de mi padre desaparecido. Hoy valoro más que nunca los gestos de aquellos hombres y mujeres de rostros adustos, rectos y firmes, como las murallas de piedra de los castillos medievales. Parece que los estoy viendo cuando ante cualquier negocio, trato, compromiso adquirido, etc. aquellos hombres y mujeres que parecen personajes de película se estrechaban la mano y decían: “¡Es mi palabra!” La palabra era sagrada, la palabra se cumplía, la palabra -como les escuché comentar muchas veces- “¡Es sagrada y se cumple! Vale más que una firma”.

Somos buenas personas los chilenos; no tenemos por qué desconfiar unos de otros. Sabemos muy bien que progresamos cuando nos damos la mano. Juntos podemos y debemos construir una sociedad donde haya respeto para todos porque todos y todas tenemos nuestra dignidad. Nuestra democracia republicana, nuestra sociedad fraterna, está siempre en camino de construcción, nunca está terminada. Juntando nuestras manos, mirándonos a los ojos con respeto y confianza, el Chile nuevo que queremos será una realidad.

José Luís Ysern de Arce, Psicólogo

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