Crisis política y social en Chile

Un fenómeno que marca nuestra presente historia.

Durante los últimos días del pasado mes de octubre, Chile se vio envuelto en una crisis social sin un registro similar en su historia y sin una organización clara que permita plantear un petitorio concreto. Si bien en un principio pareció ser por el alza de la tarifa del Metro en Santiago, una serie de problemáticas sociales sin resolver salieron a flote, con un denominador común: la fragilidad de las clases medias ante el aumento del costo de la vida. En ese contexto, diversos actores de la sociedad plantearon la necesidad de alcanzar un “nuevo pacto social”, el cual según muchos es la única alternativa para salir de esta situación que mantuvo a miles y miles de manifestantes en las calles a lo largo del país.

La protesta estudiantil iniciada contra el aumento del metro derivó en una crisis social, donde los manifestantes salieron a las calles para exigir un pedazo más grande de la prosperidad que hizo de este país uno de los más estables de América Latina. Transportistas y automovilistas coparon las autopistas que unen Santiago con el resto del país para reclamar una baja en las altas tarifas del sistema de peajes, congestionando las rutas en la hora de mayor tránsito. Este estallido sin precedentes en Chile, el más grave en casi 30 años desde el fin de la dictadura (1973-1990), representa un claro desafío para su reconocido modelo económico de mercado abierto.

La protesta ha redundado en grandes marchas, «caceroleos» multitudinarios y enormes destrozos, saqueos e incendios en estaciones del tren subterráneo, supermercados y multitiendas, lo que ha conmovido profundamente a la opinión pública nacional e incluso internacional.

Los días de manifestaciones, enfrentamientos, saqueos e incendios en Santiago y otras ciudades han dejado un total de 19 muertos, de los cuales aún no hay mayor información de su forma de cese.

Un exiguo aumento de la tarifa del metro de Santiago fue el catalizador de las protestas, que derivaron en un movimiento mayor, heterogéneo y sin un liderazgo identificable, que pone sobre la mesa otras demandas, principalmente un aumento de las bajas pensiones del sistema privado.

«Le pido a todos los diputados y senadores que en lugar de pelear tanto o de discutir tanto aprobemos estos proyectos con urgencia» – Señaló el presidente desde La Moneda, rodeado por adultos mayores invitados a escuchar los alcances del proyecto de pensiones.

El anuncio de una batería de medidas sociales por parte del presidente Sebastián Piñera y su pedido de perdón por su gestión inicial de la crisis parecen no haber surtido efecto en la población. El gobierno prometió mejorar las pensiones de los más pobres, aumentar impuestos para ciudadanos de mayores ingresos y disminuir las dietas parlamentarias, además de congelar un alza del 9,2% en la electricidad.

Sin embargo, las concentraciones también mostraron un rostro festivo con cientos de jóvenes bailando y haciendo sonar cacerolas durante improvisados números artísticos, mientras, en los alrededores del palacio presidencial de La Moneda, cientos de manifestantes se pararon a desafiar al ejército y gritar o cantar consignas pidiendo la renuncia del mandatario Sebastián Piñera.

La marcha más grande de Chile

Justo una semana después de que estallara la revuelta en Santiago y que esta se extendiera rápidamente a las capitales de regiones y luego a todo el país, se convocó a la llamada “Marcha de la Historia”, una convocatoria amplia, transversal y sin dirigentes a la que le bastó solo una hora para convertirse, en los hechos, en la manifestación más multitudinaria de la historia de Chile. La gente inundó la Alameda y las principales arterias que conducen a la Plaza Italia para manifestarse en favor de tres exigencias: sacar de la calle a las Fuerzas Armadas, retirar del Congreso todas aquellas leyes que “vayan contra el pueblo”, y convocar una asamblea constituyente para lograr una nueva Constitución. La impresionante convocatoria, se convirtió así en la señal política más rotunda desde las concentraciones masivas en favor del NO.

En medio del estallido social que sacudió al país, el viernes 25 de octubre se llevó a cabo la convocatoria denominada “La marcha más grande de Chile”, la que se replicó masivamente en distintos puntos de regiones.

A minutos de las 17:00 hrs, la Plaza Italia ya lucía repleta de gente en un ambiente familiar. En el lugar se desplegó una bandera gigante con los mensajes “Chile Despertó” y “No estamos en guerra”.

Desde temprano comenzaron a congregarse los manifestantes en el sector, mientras la Alameda permaneció cortada casi durante toda la jornada para permitir el desplazamiento de gente con banderas y carteles que buscaba llegar hasta el punto de encuentro de esta emblemática manifestación que -a diferencia de las tradicionales convocatorias- no tuvo un acto final con oradores, lo que da cuenta de su carácter espontáneo ciudadano y sin colores políticos.

La cifra de manifestantes era impresionante y las autoridades tuvieron que hacerse cargo de ello. A eso de las 18:30 horas, la ex intendenta Karla Rubilar admitió que la convocatoria estaba en torno al millón de personas. “Chile hoy vive una jornada histórica. La RM es protagonista de una pacífica marcha de más de 1 millón de personas que representan el sueño de un Chile nuevo, de forma transversal sin distinción. Más diálogo y marchas pacíficas requiere nuestro país”, dijo. 

La convocatoria se hizo a través de las redes sociales, recalcando que se trataba de una manifestación pacífica y que representaba un nuevo llamado de alerta para el Gobierno considerando que la Agenda Social presentada hace algunos días atrás no lograba satisfacer a la ciudadanía.

En nuestra Ciudad 

Chillán y las principales comunas de Ñuble también fueron protagonistas de estas megas manifestaciones ciudadanas. Hombres, mujeres, niños y representantes de la tercera edad se dieron cita en los diferentes llamados que se iban realizando a diario principalmente por las redes sociales. Chillán en particular presentó regularmente marchas pacíficas que demostraban el nivel de cohesión social que existía en el momento. La plaza de armas fue en casi todos los llamados el punto de encuentro de todo aquel que quisiera demostrar su descontento con la clase política o las grandes desigualdades que se viven actualmente en nuestro país. 

Cacerolazos, bailes, cánticos y obras de teatro se apropiaban de nuestro principal punto neurálgico y desde ahí un solo grito de unión “CHILE DESPERTÓ”. Ahora, para conocer la razones del por qué los chillanejos salieron en masa a movilizarse lo podemos conocer en las mil encuestas que aplicó la Faculta de Ciencias Empresariales de la UBB durante los días de movilización. En ella, podemos conocer los siguientes resultados:

– El 17,8% de los encuestados apuntó a los “Malos políticos y la mala política” como principal razón para manifestarse.

– El 17,4% cree que las “bajas pensiones de los jubilados” son la principal causa del movimiento social.

– El 13,6% sostiene que la “Constitución no acorde a los tiempos” es la principal razón de las protestas.

Es decir que, el mal sistema político, las bajas pensiones y una nueva Constitución son los temas de fondo por los que se luchó apasionadamente en nuestra ciudad.

Entonces, en este momento de crisis, chilenas y chilenos tenemos la oportunidad y la obligación de incluir en la cotidianidad conversaciones que nos ayuden a encontrar otras salidas, nuevos caminos porque de hecho, los actuales, se agotaron. Tenemos la obligación, como país, de abrirnos para un diálogo que incluya a la sociedad en todo su conjunto.

LIBRE OPINIÓN

Como fue la tónica de los días, las marchas y manifestaciones en Ñuble, en el Estado de Emergencia, se desarrollaron con completa normalidad bajo un buen comportamiento de la ciudadanía. Sólo tuvimos algunos hechos de desórdenes y daños que tuvieron que ser controlados rápidamente por personal de Carabineros, a través de los elementos disuasivos que la Ley le permite utilizar con dicho fin; sin embargo, quedó de manifiesto que estos actos de violencia son responsabilidad de un pequeño grupo violentista configurado por el lumpen, básicamente.

El buen clima que se generó después de los primeros días, que fueron más agresivos, me hicieron estimar que la zona de Chillán y Chillán Viejo, principalmente, no necesitaban un toque de queda. Tras las marchas y movilizaciones, y después de manifestar sus demandas sociales, la comunidad se retiró temprano a sus casas sin mayores incidentes.

Si bien esto fue algo nuevo para Ñuble, la coordinación que se realizó entre el personal de Ejército, Carabineros y la PDI, permitió manejar en terreno las puntuales situaciones de complejidad que se presentaron y resolverlas casi inmediatamente, sin mayores perjuicios para las familias ni para la propiedad pública y privada.

Hago una evaluación súper positiva, aun cuando al inicio la comunidad tenía la sensación de que nuestra presencia en la calle pretendía impedir algún tipo de derecho ciudadano. Pese a esto, con el paso de las horas, la gente comprendió que la presencia de las Fuerzas era para resguardar su seguridad y tranquilidad, y que se trataba de un mandato presidencial, producto de los graves hechos que ocurrieron en la región el primer fin de semana de manifestaciones, y que todos pudimos ver. 

Tuvimos varias reuniones durante el estado de excepción, con representantes, dirigentes y autoridades, y percibimos que la ciudadanía comprendió la necesidad de volver a la normalidad y recuperar el Estado de Derecho. 

Jefe de la Defensa Nacional para Chillán y Chillán Viejo

General de Ejército, Daniel Ortiz Vidal

Chile ha entrado en una severa crisis social y política. El notable progreso material de estos años que colocó al país en primer lugar de América Latina, ha puesto en escena dos rezagos muy notables: La desigualdad y los abusos públicos y privados. Con sobrada razón, miles de chilenos protestan, pero paralelamente, grupos anárquicos se han encargado de destruir bienes públicos y privados con acciones verdaderamente demenciales. Resulta patético el incendio del Metro y más patético aún, como expresión de ignorancia, la arremetida contra monumentos históricos, especialmente los de Pedro de Valdivia. Los vengadores de la Conquista, sin embargo, hablan español y no asumen cuánto le debe la sociedad chilena a esa nación europea. Ver sólo el lado oscuro de la Conquista no es más que demostración de ignorancia histórica. Lamentablemente, no ha habido una acertada conducción política y todo hace presagiar un deterioro material y moral de insospechadas proyecciones. La tradicional cordura chilena parece haberse extraviado.

Alejandro Witker,

Historiador Chillanejo.

No puedo dejar de conmoverme con el momento histórico que estamos viviendo como país. También me es inevitable no rememorar años anteriores con los hechos acontecidos. Es evidente que el estallido social ha sido la catarsis de las demandas sin respuestas que hemos tenido como sociedad desde hace años, pues dejamos que la desigualdad se apoderara de nuestro diario vivir.

No soy partidaria de la violencia, en lo absoluto. Siento que los desmanes y abusos de poder que hemos observado a lo largo del país han sido un mal manejo de la rabia de unos pocos, la que probablemente hemos arrastrado por años producto de la desigualdad de oportunidades para muchos y los privilegios de unos pocos.

Creo que como sociedad estamos exigiendo lo que merecemos: salud pública con recursos, educación de calidad para todos los sectores, pagos justos en nuestras cuentas mensuales, pensiones dignas para los adultos mayores, un sueldo mínimo digno que hagan a las personas vivir y no sobrevivir.

Invito a las personas, especialmente a las de mi generación, a informarnos más allá de la televisión. Hacer uso de las diversas redes sociales para informarnos de manera objetiva de los diversos hechos que están aconteciendo en nuestro país, para así tener una opinión con altura de mira y sin sesgos.

Creo importante que tengamos claro el objetivo de este movimiento para ser una sola voz. En resumen, creo indispensable generar un cambio profundo, crear una nueva Constitución daría respuesta a muchas necesidades y desigualdades que como país nos aquejan.

Los invito apropiarse de este momento, pues nos pertenece como chilenos, donde solo rige el bien común y fuera quedan los partidos políticos. Donde, además, fortalezcamos el sentido de comunidad, a veces perdido entre tanto individualismo y competencia.

Es necesario volver al trabajo comunitario, mirar y conocer a nuestros vecinos, preferir negocios y oficios de barrio; preocuparnos más allá que por nuestro metro cuadrado.

Finalmente; hagamos visibles nuestras demandas de manera pacífica y con convicción para ser escuchados, idealmente desde la empatía, por quienes nos representan.

Cecilia Henríquez

Presidenta de la Federación de Uniones Comunales de Ñuble

Chile cambió. Somos testigos presenciales de un momento histórico, el corazón de Chile se expresa, y debemos darle un camino que permita que las confianzas y la sintonía con su gente, nunca más se vuelvan a perder. Hay que abordar esta crisis social como una oportunidad de construir confianzas, esas que se quebraron durante años, y hoy es el momento de recuperarlas, con lealtad a Chile. Por eso debemos avanzar, no retroceder, porque ya conocemos el diagnóstico y se manifestaron las demandas sociales, por lo tanto, debemos sobre estas, construir una hoja de ruta clara, concreta, y oportuna. También están manifestadas las voluntades y los mea culpa, entonces, la partida esta lista. El punto es contestar una pregunta fundamental: ¿Cómo? Cómo dejamos atrás las ideologías, y nos sentamos a trabajar en procesos y análisis estructurales, cómo trabajamos en la vinculación de lo que la gente nos recordó, que es simplemente coherencia en el actuar y con un sentido común a la hora de tomar decisiones. Cómo abordamos el tema de fondo de manera unida y no dividida. En esto, no deben haber dobles discursos, la gente pide también entendimiento, y hoy los acuerdos son por una cohesión y equidad social real para Chile, por eso el desafío es urgente y necesario, asumiendo que la diferencia entre una promesa y un compromiso es, la confianza.

Paola Becker,

ex Gobernadora Diguillín

Lo que pasa hoy en nuestro país nos preocupa, pero al mismo tiempo se presenta como una gran oportunidad para reencontrarnos como chilenos. Los fundamentos generales de las demandas sociales son compartidas por todos: avanzar hacia una mayor justicia social y mejores oportunidades. Por ello, debemos separar el derecho, nobleza y rectitud de quienes se manifiestan pacíficamente por el bien superior, de quienes lo hacen con violencia descontrolada, generando destrucción y caos. 

Siempre he sido partidaria de la libertad y luchadora por la justicia. Me duele ver como muchas personas se han visto perjudicadas por el lumpen y el desorden. Familias inocentes que han sido agredidas, pequeños negocios de barrio arrasados y espacios públicos deteriorados. Tengo la convicción que la gente está luchando por lo justo: mejores remuneraciones, una mejor salud pública, educación de calidad para todos, mejores pensiones para nuestra tercera edad, entre tantos otros temas que nos agobian y que al mismo tiempo nos unen en la misma esperanza y caminos de solución.

Pero no podemos olvidar que nuestro país también ha alcanzado grandes éxitos que hay que cuidar y que sería muy malo sacrificar. Aspiro, en este contexto, a una sociedad donde el mercado y el Estado se respeten y busquen soluciones en conjunto, considerando siempre que el bien mayor es la dignidad de la persona humana y su calidad de vida. Hoy es el momento del diálogo, no de la hegemonía de unos pocos ni mucho menos de dogmas o sectarismos. Para ello se requiere ceder, buscar puntos de entendimiento entre voluntades racionales que aman a su país y que sueñan con un futuro mejor para las nuevas generaciones.

Como concejala de la ciudad, los invito a seguir dialogando, a seguir soñando con una vida colectiva mejor, a respetarnos y a querernos. Chillán es uno solo.

Nadia Kaik,

Concejala de Chillán

Nosotros como Cámara de Comercio y como todos los actores de Chile, tenemos una tremenda preocupación por lo que está aconteciendo hoy en el país. El llamado que nosotros hemos hecho desde el primer día es a reflexionar con calma sobre las demandas sociales, a escuchar, a meditar y a mejorar las condiciones laborales de los trabajadores para aquellas empresas que tengan la oportunidad de hacerlo. Creemos que es tiempo de tener un diálogo franco entre empleadores y trabajadores para cuidar la empresa, para dar mayor bienestar al trabajador y sus familias, y también, al dueño de ésta que es quien la dirige. Tenemos que tratar de mantener la normalidad ya que se necesita urgentemente que la economía funcione y a evitar los daños al comercio establecido ya que esto daña no tan solo al propietario del negocio sino también a la sociedad en su conjunto.

Alejandro Lama,

Presidente de la Cámara de Comercio Chillán