Pandemia y normalidad

Pandemia y normalidad

La pandemia que nos ha traído el virus Covid-19 ha alterado nuestras vidas: hemos permanecido encerrados en nuestras casas sin abrazos ni contactos físicos. Los comercios han permanecido cerrados en su mayoría; reuniones de todo tipo las hemos tenido que llevar a cabo por videoconferencia. 

Desde que la pandemia se ha ido haciendo presente en la mayoría de los países, muchas personas se han sentido víctimas del miedo, angustia, depresión, estrés, a causa del teletrabajo y encerramiento obligado. Muchas mujeres informan que se han sentido víctimas de violencia por parte de su pareja con más agresividad que en otras ocasiones. No terminaríamos de enumerar la cantidad de tristes consecuencias que está dejando en nuestro mundo esta horrible pandemia, sin olvidar, por supuesto, la crisis económica con su secuela de hambre y de pérdida de puestos laborales.

No es extraño, por lo tanto, que ante tal estado de cosas surja por doquier un clamor generalizado con ansias de normalidad. Cuanto antes queremos volver a la normalidad, llámese nueva normalidad o de otra manera. Pero, he aquí la gran pregunta: ¿De qué normalidad hablamos cuando hablamos de normalidad?

En mis tiempos jóvenes, Raimon, un cantautor valenciano, de mi Valencia natal, compuso una canción que todos coreábamos a voz en grito en catalán: “Diguem NO” (digamos NO). Ahora, después de tantos años veo que el contenido de aquella canción sigue teniendo plena actualidad. 

¿A qué normalidad queremos volver? Hemos vivido en un Chile donde la inequidad, las desigualdades galopantes, las injusticias sociales, los sueldos indignos, la mala distribución de la riqueza, las dificultades  en el sistema de salud pública, los trabajos precarios y mal pagados, etc. han sido “normales” y corrientes. A esa normalidad no queremos volver. A esa manera de vivir digamos NO, como gritábamos en aquella antigua canción de mi juventud, porque “Nosaltres no som d’eixe món” = Nosotros no somos de ese mundo. 

Hemos visto un país y una sociedad donde la naturaleza ha sido maltratada, donde el individualismo egoísta ha sido actitud predominante en muchas personas, donde ha reinado la mentira, donde el afán de aparentar, asociado al consumismo, ha sido desaforado; donde para algunos el afán de ganar dinero ha sido más importante que el respeto a la dignidad humana. Sabemos que muchas familias viven hacinadas y en condiciones inhumanas. ¿Es eso normal? ¿A esa “normalidad” queremos volver? Por supuesto que tú y yo no queremos volver a eso. Digamos NO. 

Hemos vivido en una sociedad donde han circulado a sus anchas actitudes y modos de vida que hoy nos avergüenzan: rechazo al pobre (aporofobia), miradas despreciativas al migrante (xenofobia), funas y bullings a personas de orientación sexual minoritaria (homofobia), privilegios de unos pocos a costa de la exclusión de unos muchos. Si hasta ahora situaciones así han sido normales en Chile, ahora decimos en forma clara y decidida que NO queremos volver a esa normalidad. 

El coronavirus y su pandemia nos tiene que dejar un aprendizaje, el aprendizaje de la refundación. Nos lo enseña la historia en tantos dramas del pasado: hubo guerras, cataclismos, tragedias, que acabaron con ciudades y poblaciones enteras, pero después surgieron hombres y mujeres valientes, líderes visionarios, que fueron capaces de refundar aquellas mismas ciudades con nuevos bríos, proyectos y horizontes. 

Hoy queremos volver a otra normalidad, a una que quizá tengamos que construir de raíz. Queremos una sociedad donde reine la justicia, la verdad, el respeto íntegro a los Derechos humanos, donde prevalezca el respeto a los pobres y a su dignidad humana por encima de todo. Hemos de construir una sociedad donde lo normal sea que no haya pobres, que todos seamos mucho más iguales, donde nos demos cuenta de que todos valemos lo mismo y que todos somos necesarios. Queremos una sociedad amable, tan amable como esas personas agradecidas, que en algunos países salieron todos los días a los balcones y ventanas de sus casas para aplaudir a los funcionarios de la salud. Vamos a construir una sociedad donde excluyamos toda violencia -la institucional y la reactiva-, donde lo normal sea ser agradecidos, amables, capaces de demandar y otorgar el perdón, donde nos tomemos de las manos y mirándonos a los ojos, sin miedo ni temor, podamos decirnos el uno al otro: te necesito.

José Luis Ysern de Arce

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