Sobrevivir sí, pero con el otro

Sobrevivir sí, pero con el otro

Edith Eger es la autora del libro “La bailarina de Auschwitz”. Nos cuenta ahí su historia de valentía, superación, esfuerzo, sobrevivencia, en el campo de concentración nazi, donde fue recluida por ser judía. A lo largo del libro repite una y otra vez que los logros de superación y sobrevivencia solo fueron posibles porque jamás dejó de sentirse acompañada por su hermana y las otras mujeres que compartían la misma suerte.

Hoy todos compartimos la misma suerte del coronavirus y su pandemia. Todos vivimos con las inseguridades propias de una situación a la que no vemos su término, y cuyas consecuencias finales también nos son desconocidas y nos surgen más interrogantes que respuestas.

Pero algo sí que está claro: nos necesitamos unos a otros para salir del laberinto. Hemos visto héroes de primera línea, como son los profesionales de la salud, que ese cuidado por el otro lo ejercen de manera ejemplar ofreciendo la propia vida por salvar la vida de los demás. Otros héroes, también de primera línea pero en otro campo, los vemos en esas mujeres valientes que sin ruido, ni altavoces ni cámaras, con enorme espíritu de solidaridad fraterna, organizan día a día su imprescindible olla común para acudir en socorro de tantas personas que de otra manera podrían morir de inanición. Y todo por puro amor, sin cobrar un céntimo ni pedir vuelta de mano a nadie. Por todas partes surgen personas buenas, de todas las edades, hombres y mujeres, ricos y pobres, que entienden que del abismo solo salimos si nos agarramos firmes de la mano unos a otros.

Para llevar a cabo esta dimensión solidaria es necesario partir por una sanitización del interior de uno mismo; hay que hacerse una higiene mental, psicológica, para depurar algunas de nuestras actitudes dañinas y reemplazarlas por otras más saludables que nos ayuden a la propia superación. La bailarina de Auschwitz lo explica muy bien en el libro arriba citado.

Edith Eger es psicóloga y aprovecha para sí misma los conocimientos de la corriente psicoanalítica más humanista. Se detiene a examinar con gran serenidad los contenidos del propio subconsciente expresados en sus sueños. En alguno de estos sueños se ve a sí misma abrazando con cariño a un niño que en la vida real la había escupido en la calle con desprecio por ser judía, y ve también cómo aquel soldado que la había ofendido, hoy aparece arrepentido en los sueños y se convierte para ella en gran apoyo y ayuda. No hace falta saber mucha psicología ni ser muy listos para darse cuenta de las conclusiones de estos análisis: para poder sobrevivir en forma saludable a los contratiempos y conflictos de la vida, para poder ayudar a otros, y para recibir en forma sana la ayuda de los demás, hay que partir desde la sanación de uno mismo.

Todos estamos llamados a reconocer nuestros errores, caídas, maldades, daños causados a terceros en forma voluntaria o involuntaria. Una actitud así se llama capacidad de arrepentimiento que es seguida por el acercamiento de reconciliación. La persona mentalmente sana es la que sabe solicitar perdón y otorgar el perdón, la que sabe pedir ayuda y ofrecer la ayuda. Como dice nuestra autora, la inocencia y la esperanza pueden recuperarse. No podemos vivir eternamente enojados, rencorosos, albergando estériles sentimientos de venganza y odio. Permanecer en actitudes así equivale a consumir diariamente sustancias tóxicas que envenenan el alma y no permiten salir del propio encierro para emprender vuelos altos. Cuando nos vaciamos de esos sentimientos tóxicos es cuando podemos empezar a llenarnos de experiencias positivas, saludables, que afirman nuestro propio crecimiento psicológico, personal, espiritual. Es entonces cuando nos hacemos más humildes, transparentes, sencillos y limpios de corazón, y vemos en forma palpable que no es posible sobrevivir en solitario.

Ante el testimonio de aquellos valientes mineros nuestros, rescatados de la mina San José hace ya varios años, vemos que lo que predominó en ellos fue el sentido comunitario de mutua ayuda y colaboración. Es lo que les pudo garantizar la sobrevivencia. También hoy, en medio de la pandemia que nos ataca, no nos cansaremos de repetir: juntos nos cuidamos unos a otros, solo juntos y unidos saldremos adelante.

José Luís Ysern de Arce, Psicólogo.

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